Lecciones de un terremoto

En el Telediario nocturno del miércoles se emitió un buen reportaje realizado por la enviada de TVE para cubrir la noticia sobre el dantesco terremoto que ha asolado varios pueblos del centro de Italia. Terminado el vídeo, la presentadora del informativo –más joven que su colega– preguntó a la corresponsal algo que acababa de ser desvelado en la propia relación de los hechos. La presunta periodista demostró así no haber escuchado nada de lo que se había dicho.

A continuación, para seguir con el esperpéntico espectáculo, el Telediario hizo alusión a los mensajes de condolencia que Felipe VI, Rajoy, Sánchez, Rivera e Iglesias habían enviado desde Twitter. Así es el nuevo periodismo, donde unos tuits escritos por algunos anónimos agentes de prensa tienen tanta importancia como la propia noticia en sí. ¿Acaso la noticia no es aquello que escapa a lo cotidiano, a lo rutinario, a lo previsible?

Más allá de esta simple mas reveladora anécdota, se puede sacar otra valiosa lección de lo acontecido en Italia. Si ha habido tantísimos muertos y tamaña destrucción se ha debido en gran parte a que los viejos edificios de los pueblos afectados no estaban preparados para soportar los efectos de un seísmo.

Así, esa misma Italia repleta de radares que sirven para cazar a los despistados turistas cuando circulan por sus carreteras –por lo general no en el mejor de los estados– carece de viviendas preparadas para lo peor en una zona de alta actividad sísmica.

Valga la analogía para retratar a esta vieja Europa que, desde la fragilidad de sus cimientos, intenta “reconstruirse” como un vehículo de civilización y fortaleza económica, política y, quizás, ética. Nos gusta pensar que somos la avanzadilla del mundo, pero aún quedan muchos asuntos básicos que resolver y/o mejorar.

Por ejemplo, nuestro Estado del Bienestar se alza sobre unos principios tan débiles como anticuados. Europa envejece peligrosamente y las pensiones, en gran parte del continente, peligran. Algo habrá que hacer si queremos que los trabajadores de 40 años disfruten algún día de un retiro más o menos seguro. Mientras tanto, el ingente gasto en las propias instituciones comunitarias se añade a los desorbitantes gastos de las administraciones de países, regiones, provincias y municipios.

De igual manera, mientras jugamos a creer que el Parlamento Europeo representa la voluntad de los ciudadanos comunitarios, las instituciones nacionales flaquean en popularidad mientras se alzan, peligrosos, populismos de izquierda y derecha. Por no hablar de los dislates secesionistas que, cual cabezas de hidra, crecen en España, Francia, Bélgica, etc.

Mientras jugamos a ser una suerte utópica de paraíso de respeto al individuo, aún tenemos pendiente cómo jugar a la convivencia entre culturas a menudo antagónicas. O cómo ser fieles a nosotros mismos cuando miles de refugiados llaman a nuestra puerta en busca de la más básica supervivencia.

Sin olvidar que la amenaza terrorista está ahí, esperando a matar en cualquier momento y en cualquier lugar a cualquier inocente que se ponga en su camino. Si bien por imprevisible es imposible solucionar este problema, ¿se está haciendo algo en conjunto y con sentido para minimizar sus efectos?

Europa quiere crecer, fortalecerse, y seguimos hablando de progresar en la defensa de los derechos de las minorías más desfavorecidas. Bien. Pero hay que darse cuenta de que, como en Italia, nuestras viviendas son frágiles, nada preparadas para resistir los embates de este complejo siglo apenas iniciado. Si queremos crecer debemos comenzar reconstruyendo nuestros cimientos.

Para comenzar, por ejemplo, podríamos potenciar nuestros sistemas educativos para recuperar la esencia del periodismo clásico, “construyendo” profesionales independientes, que sepan escuchar y distingan la auténtica noticia de la mera anécdota o de lo vacuo institucional.

Mientras tanto, lloremos a los muertos y celebremos el comportamiento auténticamente ejemplar de bomberos y demás valientes que intervienen para rescatar vidas y cadáveres.

P.S.: Distraigo del análisis cualquier referencia al patético ajedrez político de nuestros líderes políticos, pues no se puede pedir peras al olmo.