Las españolas en Río

Hasta la fecha, tres mujeres, Mireia Belmonte, con dos medallas, Maialen Chourraut y Lidia Valentín, han ganado el 80% de las medallas españolas. La otra medalla la ganaron Marc López y Rafa Nadal, cuya heroicidad ha acaparado más noticias que los otros cuatro atletas juntos.

¿Por qué? Sin duda alguna Nadal es uno de los mejores tenistas de la Historia… de todos los países. Aparte, en el manacorí siempre hay mucho de gesta imposible, de sobrehumana superación de los retos que los rivales y las lecciones le van imponiendo. Por si fuera poco, el tenista es un ejemplo del auténtico espíritu olímpico de deportividad y mejora personal.

Sin embargo, Mireia Belmonte es una grandísima nadadora que ha surgido en un país, España, donde la natación es un bien escaso, otro de esos deportes ninguneado ante el poderío del fútbol. Su estrella es tan enorme que el propio Julián García Candau, en estas páginas, afirmó que ella debería haber sido la portadora de la bandera española en lugar del propio Nadal.

En cualquier caso, Belmonte es una rara avis en cuanto, en los últimos años, ha alcanzado una gran popularidad traducida en muchas campañas publicitarias y reportajes periodísticas, superada tan solo, a mi entender, por Pau Gasol, Nadal y los inevitables futbolistas.

El ejemplo de Belmonte es perfecto para defender la idea de que actualmente el deporte español cuenta con mejores representantes entre sus mujeres. Las selecciones femeninas de waterpolo, balonmano y baloncesto cuentan con serias posibilidades de ganar medalla. Y llevan varios años dándonos alegrías de todos los colores y metales.

A pesar de ello, es vergonzoso ver cómo se sigue tratando a algunas con necio paternalismo. Cuando veo un partido de la selección femenina de balonmano, duele ver cómo se las califica como las “guerreras” como si el balonmano, tan aguerrido, fuese impropio de una mujer. Aparte, da la impresión de que cada gol de las españolas es una hazaña imposible, una suerte de milagro.

Pero, al margen de que algunos comentaristas son de traca, no creo que la mayor popularidad de los deportes masculinos sea cuestión de simple machismo. Por ejemplo, ahí tenemos a Alba Torrens, una de las mejores jugadoras de baloncesto del planeta, con un palmarés envidiable. Sin embargo, los Gasol -y Marc ha ganado muchos menos títulos que Torrens- gozan de mucha mayor fama.

¿Machismo? No lo creo. Como buen aficionado al baloncesto entiendo que el masculino es mucho más espectacular y atractivo para el espectador medio. Por eso el Dream Team de los jugadores de la NBA es más famoso que el de las chicas, como también aquella competición es mil veces más conocida que la WNBA.

Lo mismo pasa con el tenis y  la mayoría de los deportes de equipo. En el campo contrario, no creo que en disciplinas como atletismo, natación o gimnasia existan demasiados distingos entre unos y otras.

El auténtico enemigo de todos deportes es el fútbol, el deporte rey, que en casi todo el mundo acapara la atención de las masas para así entregarlas a un espectáculo digno sucesor, en su función de distracción, del circo romano. El fútbol emboba pero es el gran espectáculo, la competencia desleal de casi todas las disciplinas olímpicas.

Disciplinas que, en muchos casos, crecen en los “ecosistemas” más inhóspitos. Que una mujer española haya ganado una medalla en halterofilia demuestra la pasión y el esfuerzo de una persona capaz de vencer a sus rivales y a las trabas del sistema.

Por eso resulta aún más encomiable los logros y avances de las selecciones de waterpolo, balonmano, baloncesto… porque surgen de un sistema en el que solo el fútbol cuenta con apoyos y públicos suficientes, y donde el deporte en general es vapuleado en escuelas y por las administraciones.

Quizás por ello los números españoles de fichas federativas, en casi todos los deportes, palidecen ante las cifras de los países de nuestro entorno. En su momento, asombró al mundo que la selección de Estiarte y Rollán llegase a lo más alto. Y hoy en día son las selecciones femeninas las que superan todos los obstáculos. A pesar del erial en el que se mueven los deportistas, hay algo en el espíritu español -que tan bien representa Nadal- que logra que sigamos lanzando equipos competitivos al mundo.

¡Ojalá las mujeres sigan ganando muchas medallas… pues confío poco en nuestras posibilidades masculinas!