¿Adiós a la selectividad?

En estos tiempos oscuros, cuando resulta peligroso llevar la camiseta española de fútbol en algunos rincones de la propia España, cuando aterran las dos alternativas de gobierno que se atisban en el horizonte, cuando lo políticamente correcto amenaza la libertad de expresión, supongo que hay que congratularse por la desaparición de la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU), más conocida como Selectividad.

Este examen, chupado de aprobar y solo complicado si se aspira a las máximas notas, es el summum de la mediocridad académica, la culminación de un sistema que elimina de la ecuación el espíritu crítico, un despropósito que, para más inri, genera documentos –los exámenes realizados– cuya corrección no puede ser comprobada ni por estudiantes ni por su profesores.

Además, el sistema de combinar las notas de bachillerato (60%) y de selectividad (40%) es la manera más injusta y chorra de acceder a la universidad que se conoce en el planeta Tierra. Así se crean esas notas de corte que, exclusivamente, valoran a los estudiantes por sus expedientes y no por otras virtudes, como podría ser la experiencia laboral, la participación en labores de voluntariado, el cultivo de las artes, etc.

Así, deberíamos estar de enhorabuena porque por fin desaparece esta selectividad. Pero, ¿qué viene a continuación?

La reválida programada por la LOMCE será algo más difícil porque los chavales tendrán que hacer los exámenes de todas las asignaturas cursadas en 2º de Bachillerato, y no solo de cuatro, como hasta ahora. Pero, más allá de si esa reválida será o no necesaria para conseguir el título de bachiller, hay que tener en cuenta que seguirá siendo la prueba definitiva para que cada chaval pueda elegir esta o aquella carrera según la dichosa nota de corte.

A un año de que se haga la primera reválida, en junio de 2017, apenas se sabe nada de cómo será este examen. Los actuales alumnos de 1º de Bachillerato ignoran a qué se enfrentarán. Así funcionamos en España, a trompicones, siempre improvisando. En cualquier caso, no creo que se cambien muchos los patrones memorísticos y repetitivos de la actual selectividad, porque la gran mayoría de los estudiantes no saben ir mucho más allá a la hora de realizar una prueba escrita.

Sí, puede que desaparezca la selectividad como tal, pero no hay visos de que se la sustituya por nada muy diferente. El sistema de acceso a las universidades será idéntico al actual, con las Comunidades Autónomas, cada una por su cuenta, elaborando exámenes que crearán una nota de corte para ir a cualquier facultad pública de España.

De nuevo da la impresión de que, a pesar de todo, nada va a cambiar. Las universidades deberían ponerse a crear sus propias pruebas que evaluasen individuos en lugar de expedientes. Pero falta dinero, voluntad de cambio, auténtico interés por crear auténticos ciudadanos.

Así, probablemente, lo mejor sea irse a estudiar al extranjero. ¿Para qué, después de todo, esperar a terminar la carrera y buscar trabajo allende nuestras fronteras?