Versión original

Dentro de las muchas falsedades que nos rodean se encuentra el hecho de que, por regla general, los críticos cinematográficos ven, en exclusivos pases de prensa, las películas en versión original. Es decir, no ven el producto como llegará a las pantallas y, así, hablan de películas que la mayoría de las veces poco tienen que ver con las que verán los auténticos espectadores, algo especialmente notable desde que la calidad del doblaje ha empeorado sobremanera.

Por otro de esos extraños giros del Acaso, mi cine de cabecera decidió programar una proyección de la nueva adaptación de El libro de la selva en versión original. Así, por una vez vi un filme diferente al que verá la gran mayoría del público español, y no sé hasta qué punto tendrán valor estas palabras que ahora escribo.

En cualquier caso, fue un gozo disfrutar de Baloo con la voz de Bill Murray, de Ben Kingsley prestando sus palabras a Bagheera, de Idris Elba haciendo de Shere Khan, etc. Y es que escuchar las voces originales, además de reconfortante, mejora enormemente la experiencia estética y el disfrute cinematográfico.

Además, como en este caso los animales de El libro de la selva no son dibujos sino animales hijos más de la informática que de Natura, la escasa expresividad de sus rostros se compensa (mínimamente) con la potencia dramática de las voces del selecto y capaz elenco dirigido por el buen artesano Jon Favreau, realizador que recuerda a aquellos viejos directores de industria del viejo Hollywood.

Poco más hay de original en El libro de la selva, recreación del viejo libro de Rudyard Kipling que, aunque en ocasiones tome caminos levemente diferentes, recuerda enormemente a la película de animación de 1967, muy superior en sus números musicales y porque aquellos animales de mentira son muchísimo más expresivos que estos de carne y hueso, cuya inexpresividad, en la comparación, ni siquiera se salva con la calidad de las voces.

En la película hay un puñado de buenos momentos cómicos, dos o tres interesantes escenas de acción… pero, aparte de tremendamente infantil, la película resulta pesada para todos los que disfrutamos el viejo clásico de Disney y añoramos, en la nueva versión, personajes como los buitres o los elefantes parlanchines.

Por lo demás, El (nuevo) libro de la selva encaja a la perfección con las películas planas del nuevo siglo. El guión sigue las directrices imperantes y la sorpresa y la emoción son tan escasas como banales. Se juega tanto con el manual del nuevo cine que se consigue que el poema La ley de la selva (1) de Kipling, bellísimo en su versión original, al final termine siendo soporífero por lo mucho que se repite.

En definitiva, resulta reconfortante ver las pelis en su versión original, y uno espera que algún día, en este sentido, seamos como los Países Bajos. Por otro lado, de nuevo nos encontramos con una película que ya hemos visto, un autohomenaje de Disney, y el hastío del espectador invita a preguntar cuándo dejaremos esta moda de los remakes y las eternas sagas para volver a la senda de la originalidad… que para algo somos humanos.

(1) "Now this is the law of the jungle, as old and as true as the sky, And the wolf that shall keep it may prosper, but the wolf that shall break it must die. As the creeper that girdles the tree trunk, the law runneth forward and back, for the strength of the pack is the wolf, and the strength of the wolf is the pack”.