Spleen y Avatar

Ayer escuché al campeón de un torneo universitario de debates decir "han habido" en lugar de "ha habido". El imperio de la mediocridad se impone sin que nadie haga nada por evitarlo.

Trágicamente, uno comienza a acostumbrarse a que los políticos roben, a que la violencia y el hambre nos impidan olvidarnos de las dudas sobre la condición humana, que cada vez se hable peor y más catetamente y que la excelencia se vaya diluyendo en democracias inanes y pésimos sistemas educativos.

Por suerte, el consuelo de John Ford, Galdós, Milton, Boyd y muchos otros nos sirve para, en plan Schopenhauer, evadirnos y así olvidar que casi nada marcha como debería.

Hasta que, esta semana, escuchas que Avatar tendrá cuatro continuaciones en lugar de tres y que, con estrenos periódicos, nos acompañará hasta 2023. El Hastío de Baudelaire renace mientras uno se pregunta si el mundo de Pandora da para tanto y si James Cameron, ahora, trabajará más los guiones para evitar que, como la primera parte, todo se reduzca a un simple alarde técnico.

La técnica también domina en Batman vs. Superman, en la estrambótica saga sobre el mundo de Blancanieves, en las pelis de Los Vengadores, en las del mundo creado por Tolkien, en Star Wars y demás sagas interminables... a las que pronto se unirán La liga de la Justicia y muchos otros filmes que darán mil vueltas en círculo sobre falsas epopeyas o trasuntos de medio pelo.

Spleen, hastío, cansancio existencial y cinematográfico, hartazgo... Más Avatar, más carnaza para satisfacer los nada ambiciosos gustos de una masa mal educada y suficientemente borreguil para que todo siga como pretenden los que mandan.

¡Ay, necesitamos un Cervantes que nos recuerde que este sistema de creación, análogo al de las novelas de caballería del siglo XVI, solo conduce a la mediocridad y la mala parodia! ¡Ay, Alonso Quijano, retoma las armas y vuelve a cargar contra los gigantes que nos amenazan con lo ramplón y con el sumo aburrimiento!