La cultura en los nuevos tiempos

En los viejos tiempos, cuando uno cumplía años recibía un puñado de felicitaciones por teléfono de los familiares más allegados y de aquellos amigos que tenían a bien acordarse de uno en fecha tan señalada, por otro lado tan lejana a la sabia filosofía del Sombrerero Loco. Hoy en día, por el contrario, gracias a que las redes sociales nos lo recuerdan o, simplemente, nos informan, las felicitaciones llueven de forma masiva en un fenómeno tan reconfortante como abrumador.

El nuevo mundo de lo digital ha cambiado radicalmente las maneras de relacionarnos entre nosotros y con el mundo que nos circunda. Por ejemplo, si solo hace diez años un estreno de Pedro Almodóvar era un acontecimiento extraordinario, el summum de nuestra tiranía cultural, ahora tiene menos alcance y despierta menos interés que un video de los muchos realiza y arroja El Rubius.

Es decir, la atención que los “grandes” medios han dedicado al estreno de Julieta, la última película de Almodóvar, ha sido la misma de siempre, pero ha decrecido sobremanera el efecto de la noticia, en cualquier caso empañada por la publicación casi simultánea de los “papeles de Panamá”, otro ejemplo del extraño y abierto mundo en el que vivimos.

Aunque intenten dictarnos qué es lo importante, qué es lo que debemos ver cada fin de semana, el peso de la crítica es cada vez menor. Porque, ¿quién sigue haciendo caso de los críticos, cuando hay muchísimas webs que, a partir de la opinión de cientos o miles de usuarios, nos orientan mil veces mejor que cualquier opinión individual, llena de prejuicios, como las que tradicionalmente decidían qué filmes, obras o libros debían llamar nuestra atención?

Cierto es que, así, las clasificaciones internáuticas de películas se olvidan de la mayoría de los clásicos y priman los últimos estrenos, de tal manera que, por ejemplo, entre los 100 mejores títulos de imdb.com –a mi entender, la mejor web de cine– no aparece ninguno de John Ford, lo que muestra el lado oscuro de la democracia radical pero nos libera de las dictaduras, individuales o grupales, sostenidas por la gran y pequeña crítica.

Por ejemplo, desde Mujeres al borde de un ataque de nervios el cine de Pedro Almodóvar me aburre y/o irrita. Puro prejuicio que invalidaría cualquier palabra que pudiese escribir sobre Julieta. Gracias a lo digital, al acceso generalizado a la información, los viejos santones ya no tienen la ascendencia de antaño.

Pero, en cualquier caso, no creo que la mediocre taquilla de Julieta –que en el último fin de semana ha quedado por detrás de Kiki, el amor se hace y otros títulos extranjeros– se deba tanto a eso como a que, por un lado, la fórmula almodovariana ya ha agotado a sus seguidores, y a que, por otro, el cine español en general se ha acercado a su público, con lo que ya no hay que expiar pecados ni sentimientos de culpa acudiendo en peregrinación a las pelis de Almodóvar.

Todo cambia en el mundo actual. Y, aunque no sé muy bien adónde vamos, siempre resulta reconfortante que cada cual se vaya colocando en su sitio. No sé si es bueno que ahora El Rubius y similares sean los grandes dioses del pueblo, pero no podemos olvidar que, cuando "ordenaba" la gran crítica, Pasolini y Fellini estaban a la altura de Ford y que, desde hace décadas, Vértigo se considera una de las tres mejores películas de siempre.

Para gustos, los colores… pero los de todos, y no los de unos pocos “elegidos”.