Chus Lampreave y Paco León

Tenemos que decir adiós a Chus Lampreave, actriz que, desde sus papeles secundarios, adquirió bastante más notoriedad e identidad artísticas que muchos de las estrellas con las que compartió pantalla. Gracias a su característica voz, a su reconocible presencia y a su vis cómica –no del gusto de todos– se convirtió en otro de esos artistas de reparto que consiguen que el cine sea más creíble, más cercano, más entretenido.

Lampreave rodó con muchos de los grandes directores del cine español de todos los tipos, desde Jaime de Armiñán a Santiago Segura, pasando por Luis García Berlanga, Fernando Trueba o Mariano Ozores. La pregunta que debemos hacernos es si el gran alcance de la noticia de su fallecimiento habría sido el mismo de no haber participado en tantísimas películas de Pedro Almodóvar.

Una semana antes del estreno de la próxima película del director manchego –estreno que en el papanatismo español parece equivalente a la lectura anual en público del Quijote– llegó a nuestras pantallas Kiki, el amor se hace, dirigida por Paco León, cómico con gracia que, aupado por la crítica, intenta convertirse en otro santón del cine español.

La película se basa, lejanamente, en el filme australiano The Little Death, pues en ambas se cuentan cinco tramas cortas relacionadas con las más o menos extrañas fantasías sexuales de cinco parejas o similar.

Y, aunque Kiki, el amor se hace, tiene su gracia, uno se pregunta si realmente era necesario recurrir a una idea australiana para que León, por fin, se librase de la larga sombra de su madre, protagonista de sus dos anteriores largometrajes.

Lo curioso es que esta película juega más con los tabúes que con los auténticos recursos de la comedia. Por eso, desde la provocación a nuestros persistentes prejuicios –Gadamer afirmaba que nunca podremos librarnos de ellos y a lo máximo que puede aspirar uno es a conocerlos y así dialogar desde la consciencia de las propias carencias– la película provoca más sonrisas tenues e incómodas que auténtica risa.

Kiki, además, está bien interpretada por un elenco más o menos conocido, pero en todo caso formado por buenos profesionales que consiguen que, cuando menos, te creas a sus personajes. Pero falta la Chus Lampreave de turno que consiga que el espectador, de vez en cuando, se ría con ganas.

Lo más preocupante de esta película de Paco León es que intenta elevarse estéticamente como si pretendiese llegar a Cannes, Berlín o Venecia. Cuando uno esperaba más diversión, la cámara y las ínfulas distraían de la comedia; a saber, que quizás habría estado mejor currarse más el guión y menos el posicionamiento o el planteamiento de las escenas.

En cualquier caso, con Kiki, el amor se hace, el cine español sigue en su línea de hacer películas cercanas y más o menos atractivas. En cualquier caso, aún no sé hasta qué punto es preocupante que aquel que debería imitar a Chus Lampreave tenga pretensiones de acercarse a Almodóvar. Aunque, visto lo visto, quizás los dos caminos no marchen demasiado separados.