El cine de 2015

2015 pasará a la historia por ser el año en que murió Han Solo. Star Wars: El despertar de la fuerza es, sin duda, el estreno esencial de estos últimos 365 días, el renacer de una saga que, mucho me temo, jamás morirá. Y el reconfortante espíritu revitalizador de lo que ha hecho soñar a tres generaciones se plasma sobre todo en la osada decisión de quitar de en medio, para siempre, a Harrison Ford –pero, ¿podían hacer otra cosa?–.

Por otro lado, cuando analizamos desde la perspectiva española los estrenos de cine, hay que dividir el año en antes y después de los Oscar. El comienzo de 2015 fue agradecido gracias a películas de buena ambientación, como The Imitation game o La teoría del todo, y dos grandes filmes, Whiplash, de soberbio montaje, y El francotirador, en el que el maestro Eastwood consiguió dividir al público occidental entre los que la consideran militarista y los que la califican de antiamericana.

Por ahí también cayó Birdman, incomprensible en su pretenciosidad, triunfadora en los Oscar pero, a la postre, otra de esas pelis que gustan a la crítica pero no al público. De esas hemos tenido varias: Maps to the Stars, El puente de los espías, Un día perfecto, Macbeth… demostrando una vez más que los santones viven en un mundo paralelo.

Tras los estrenos oscarizables llegó la temporada regular del cine. 2015 no ha sido un año especialmente malo. Películas como Kingsman o Marte valen todo un año. Aparte, aunque no tan buenas, destacan las que califico como entretenidas: Focus, con la consagración de Margot Robbie como gran estrella, Una noche para sobrevivir, Espías o El hombre más enfadado de Brooklyn.

Aunque, y de eso van estos tiempos, lo que más hemos visto han sido segundas o terceras partes de sagas –las correctas Insurgente y Sinsajo 2, la muy entretenida Fast and Furious 7, las pesadísimas Vengadores: La era de Ultrón y Misión Imposible: Nación Secreta, la inclasificable Ted 2…–. Y la controvertida Spectre, para algunos fans de 007 un entretenidísimo regreso a los orígenes y para otros un remedo de parodia de la saga de James Bond.

Aunque también hemos asistido a un extraño fenómeno que flota entre el clásico remake y la continuación de lo ya visto: Mad Max: Furia en la carretera no se sabe muy bien qué narices es respecto a la trilogía original; Terminator Génesis es un remake que se separa del original por cambios (!) en el espacio-tiempo; y Jurassic World es una continuación con tufos de remake.

Junto a estas, nos encontramos con los inevitables fiascos, un asunto inevitable en cuanto hablamos del mal considerado séptimo arte: aún lamento haber pagado la entrada para ver Chappie, Tomorrowland, Ant-man y Operación UNCLE; y aún me río al recordar lo sutilmente barato que fue 50 sombras de Grey, con lo que supongo amortizado el precio del boleto.

El cine español, tras el boom de 2014, ha vivido un año aceptable. Al margen de películas “a la antigua”, como el ya mencionado estreno de Fernando León, se ha intentado mostrar un producto apetecible para el público, con cosas tan irregulares como Ahora o nunca, Anacleto o Mi gran noche. Alejandro Amenábar certificó su crisis creativa con Regresión y Ocho apellidos catalanes, triunfando en taquilla, dejó escapar una espléndida oportunidad.

Por fin, el cine de animación ha entregado, de nuevo, algunas de las mejores películas del año que, insisto, no siempre son para niños. La oveja Shaun es un alarde del humor visual. Y Del revés, una obra maestra, nos devolvió al mejor Pixar en un filme que hipnotizó a mayores y, según me dicen, aburrió a los niños.

En cualquier caso, 2015 será para siempre el año de El despertar del fuerza, del esplendoroso regreso al espíritu primigenio de la saga Star Wars. Claro que, entre sagas y remakes, nadie nos quitará nunca la sensación de estar inmersos en el día de la Marmota.

Feliz Año 2016.