Cine en fiestas

La Navidad, y todo lo que ella conlleva, es una ambientación magnífica para situar historias de todo tipo. Otra cosa es que, por regla general, todo ese (hipócrita) espíritu navideño desemboque en argumentos demasiado edulcorados, empalagosos al extremo.

Por ejemplo, Polar Express, con la que Robert Zemeckis pensaba haber revolucionado la animación, es un cuento de Navidad tipo, solo que sin un personaje tan redondo como Mr. Scrooge. También comienza en Navidad Toy Story, la primera, filme que sí que revolucionó el cine de dibujos animados.

El paradigma del cine navideño es, sin duda, ¡Qué bello es vivir!, que comenzó a emitirse por televisión en Navidad porque, finales de los 60 o principios de los 70, a alguien se le olvidó renovar los derechos de autor. Esta obra maestra muestra a la perfección cómo Frank Capra se movía al borde de lo sentimental sin caer en lo cursi en exceso.

Otra película “navideña” que mantuvo la mesura fue Love Actually, espléndido cuento navideño que culmina con un viejo rockero desnudándose en la televisión, con Colin Firth haciendo una memorable declaración de amor en portugués o Hugh Grant de Primer Ministro besando a su enamorada en el escenario de un colegio.

Habitualmente, en Navidad proliferan los estrenos de cine cursilón y fácil, aunque, de vez en cuando, surge alguna perla que desdice las fechas, como aquel Bad Santa que bordó Billy Bob Thornton. Personalmente, siempre he sentido debilidad por Solo en casa, divertido homenaje al cine mudo.

La Navidad en el cine mejora cuando es una simple excusa y no el tema. La escena más emotiva, y sobrecogedora de El apartamento, tiene lugar en plena y etílica fiesta de empresa, cuando el señor Baxter, a partir de un espejo roto, descubre quién es realmente la señorita Kubelik. Y el filme termina en los primeros minutos del Año Nuevo, uno de los finales más improbables y hermosos de la historia.

También navideño es el baile de los Groucho de Todos dicen I love you, en el que el maestro Woody Allen homenajeó, al tiempo, al musical y al más grande cómico e influyente filósofo del siglo XX.

Así, estas fechas son idóneas para revisitar muchos de los grandes títulos que, de alguna manera y otra, nos recuerdan que hay vida después de Charles Dickens.