Propuestas de nombres para las calles de Madrid

A mi entender, el gran reto que se le plantea a Europa es cómo narices sostener el Estado del Bienestar que nos conforma. A partir de las muchas partidas presupuestarias que mantienen lo insostenible, nos enfrentamos –sobre todo por el envejecimiento de la población, por la escasa natalidad– a un mundo donde la Sanidad, la Educación, la Justicia y otros pilares básicos del Estado democrático se hallan amenazados.

Pero nada, nadie se atreve a hablar seriamente del tema y, mientras tanto, muchos se dedican a fomentar las medidas más peregrinas e innecesarias.

El ejemplo paradigmático es el absurdo empeño independentista en el que se han enfangado un altísimo porcentaje de los políticos y ciudadanos catalanes. Mientras, mal que bien, se pretende construir el edificio europeo y se derrumba el del bienestar, ellos se empeñan en hablar de lo que, no hace mucho, apenas interesaba a nadie; a costa, claro está, de tergiversar la Historia y manipular las estadísticas.

Hablando de Historia, ¿a qué viene ahora no invitar a los Reyes de España a la entrega de los premios Príncipe de Viana? Ni Groucho Marx.

Por otro lado, ahí tenemos a Madrid, con su medida “revolucionaria” de vestir de Rey Mago a una mujer, medida tan populista como absurda -¿y la magia, auténtica, en la que creen los niños?-. Peor parece la decisión de la alcaldesa de montar un Belén de circunstancias en el Ayuntamiento, como si esta vieja tradición fuese un instrumento de las fuerzas fundamentalistas católicas. ¿Nadie se ha dado cuenta de que la celebración de Navidad, hoy en día, recuerda más a las antiguas fiestas por el Solsticio de Invierno que a nada que tenga que ver con el Cristianismo?

Entre todas las medidas que el populismo va desarrollando, la más lógica -pues tan solo ejecuta lo establecido por una ley estatal de 2007- parece la de cambiar el nombre de algunas calles de Madrid. Más allá de la confusión que generará en los ciudadanos el cambio simultáneo de 30 direcciones y del caos burocrático al que se someterá a los vecinos de dichas avenidas y plazas, supongo que es deseable que Yagüe o Millán Astray dejen de ser homenajeados por el callejero.

Porque el nombre de las distintas vías debe servir para recordar y engrandecer a aquellos grandes hombres de la Historia nacional y/o universal. Y no creo que nadie defienda que la ignominia se instale en las calles de su pueblo o ciudad. Así, de la misma manera que deberían revisar las 30 vías a cambiar de nombre –no todos son tan obvios como los citados más arriba– habría que ampliar la medida para eliminar del callejero nombres tan deleznables como el de Fernando VII, tan dudosos como el de Alfonso XIII o tan beligerantes como el de Largo Caballero.

De todas maneras, lo que más me preocupa es qué nombres nuevos pondrán estos iluminados a las avenidas, calles y plazas. Miedo da pensarlo.

Por eso, como propuesta navideña a los hombres de buena voluntad se me ocurren varias posibilidades:

Por ejemplo, Luis Bonafoux no tiene nada, aunque sí el cursi de Donoso Cortés; Emma Bovary tiene calle en Málaga, entonces, ¿qué tal una plaza Anna Karenina o una avenida Ana Ozores?; sorprendentemente, Madrid aún no ha homenajeado a Shakespeare, Tolstoi ni Goethe…

Aunque, si realmente quisiésemos bordarlo, hay muchos nombres de ciudadanos ejemplares que no pertenecieron a ningún bando y ahí quedan en el olvido de casi todos, como Manuel Chaves Nogales o el chileno Carlos Morla.

O, poniéndome parcial, ¿por qué no un recuerdo para Manuel Martín Ferrand, periodista enorme, adalid de la televisión privada y que jugó, entre bastidores, un importante papel durante la Transición? Porque, aunque sorprenda, no tiene calle ni en Madrid, donde trabajó casi toda su vida, ni en Coruña, donde nació, ni en Castañeda, donde pasó sus vacaciones durante casi dos décadas, ni en Pozuelo, donde vivió sus últimos 38 años de vida.

Pero, supongo, se sentiría orgulloso de estar en una lista junto a sus admirados Bonafoux y Chaves Nogales –aunque este tenga calle en Sevilla–.

En cualquier caso, Feliz Navidad a todos.