El fenómeno Star Wars

El pasado martes un periódico publicaba, traducido, un artículo de un crítico alemán lleno de referencias eruditas: lo mismo comparaba a Luke Skywalker con Sigfrido que aludía a El hombre de los mil rostros de Joseph Campbell; el personaje elevaba Star Wars a la consideración de gran mito cultureta. El viernes, por el contrario, un escritor español devenido en crítico insistía en banalizar la hexalogía, en considerarla una historia barata para niños.

Star Wars, empero, supera con creces cualquier consideración crítica. Este sábado por la mañana asistí al pase de Star Wars: El despertar de la fuerza en una sala repleta de gente de todas las edades y condición, cientos de personas hermanadas por la ilusión de volver a una saga que ha trascendido lo cinematográfico para convertirse en un fenómeno sociológico -aunque Dios nos libre de que la Sociología lo analice-.

Star Wars, creo que por primera vez en la historia, ha conseguido aunar a un mínimo de tres generaciones en la expectación del renacer de la saga. Durante las últimas semanas, la alegría, el deleite en la anticipación, se respiraba en conversaciones con las personas más insospechadas. Aunque no sea un fenómeno global, eran muchísimos los individuos que tenían ganas de que ya llegase el estreno. Y los que podían iban -están yendo- a verla con sus hijos y/o sus nietos.

Y eso, en definitiva, es el cine: un espectáculo que atrae y entretiene a las masas. Además, cuando traspasa la más simple concepción de lo narrativo y lo dramático, transporta a quien se deje a una extraña catarsis entre el placer y la reflexión.

Star Wars: El despertar de la fuerza, más allá de la interpretación o el alcance que cada cual quiera darle, es un hermoso despertar por la ilusión, por las películas, por el cine, por aquellos nuevos modos de soñar que describían los pioneros del mal llamado séptimo arte. Es espectáculo puro, del bueno.

En cualquier caso, el fenómeno, que batirá récords de taquilla, demuestra que cualquiera puede ser crítico, que los que escribimos de algún no tema no somos más que simples charlatanes, porque lo que realmente tiene fuerza, valga el mal juego de palabras, escapa a cualquier análisis.

¿Y la película? Ya hablaré de ella el martes. De momento hay que dejar tiempo para el deleite de los que ya la hemos visto y para disfrutarla sin saber de qué va para los que no.