Sobre la decencia

Nota previa: Los martes suelo escribir de alguno estreno reciente. Pero como el domingo me aburrí tanto con Un paseo por el bosque y el próximo fin de semana es crucial en nuestras vidas –se estrena el episodio VII de Star Wars–, he decidido escribir sobre temas de mayor enjundia.

Según la acepción 3 del DRAE, decencia significa “Dignidad en los actos y en las palabras, conforme al estado o calidad de las personas”. Es decir, nuestros dignatarios, para ser considerados decentes, deberían ser ejemplo en todo lo que hicieran y dijeran.

Por ejemplo, no es decente que un presidente del Gobierno, candidato a la reelección, no acuda a los debates a cuatro organizados por dos medios de comunicación. Entonces, ¿por qué se enfadó tanto nuestro Primer Ministro el pasado lunes?

Supongo que porque Pedro Sánchez, el otro que protagonizó el indecente cara a cara –como si esto fuese, todavía, un sistema bipartidista–, lo que realmente puso en duda fue la honradez de Mariano Rajoy. Error de bulto, porque, a falta de pruebas, debería haber puesto en duda su capacidad para elegir, supervisar y controlar a todos los golfos que han proliferado a la larga sombra del partido en el Gobierno.

Aparte, repito, resultó indecente que la Academia de la Televisión, con el siempre servil Manuel Campo Vidal de rostro visible, organizase un debate a dos dejando fuera a Albert Rivera y Pablo Iglesias, los otros dos candidatos con (pocas, pero ciertas) aspiraciones a ganar las elecciones del próximo domingo.

Por otro lado, no podemos olvidar que estos cuatro sujetos son, tan solo, la cabeza de unas listas cerradas por la circunscripción electoral de Madrid. De todos los diputados que saldrán de esta provincia, ¿cuál será el que me represente a mí en el Congreso de los Diputados? Y, ¿me servirán a mi o a su partido, al interés general o a la estrategia de su formación política?

De todas maneras, lo que más me indigna, lo que menos decente me parece de toda esta campaña electoral, es que nadie propone medidas concretas sobre los temas auténticamente importantes:

¿Cuándo se va a establecer firme y permanentemente el reparto de competencias entre Estado y Comunidades Autonómicas?

A este respecto, ¿alguien va a tomar medidas para asegurar que todos los españoles tengamos garantizados, en iguales condiciones independientemente de nuestra región, los servicios sanitarios, educativos y judiciales?

Siguiendo por ahí, ¿cuándo se va a permitir que los jueces sean completamente independientes?

Por otro lado, ¿qué se va a hacer para que el paro deje de ser tan superior al de los países de nuestro entorno?

En cuanto a la educación, ¿van a dejarse de zarandajas y crear una ley seria que perdure?

¿Alguien tiene intención de cambiar la ley electoral para que sea más justa en el reparto de diputados y nos permita identificar a nuestros auténticos representantes? ¿Por qué no podemos elegir a personas en lugar de listas cerradas?

Más importante: ¿cuándo los corruptos van a cumplir penas severas y devolver todo lo robado? O, simplemente, ¿cuándo van a ir, todos, a la cárcel? Es decir, ¿cuándo seremos todos iguales ante la ley?

Aún más importante, ¿cuándo algún político va a dimitir por su incapacidad o por la indecencia de sus subordinados?

Y lo más importante, ¿quién tiene intención de convertir España en un auténtico Estado de Derecho?

Pero nada, esperemos que el despertar del reverso tenebroso del próximo fin de semana sea tan solo metafórico.

P.S.: Tampoco resulta nada decente el desesperado intento de los periódicos tradicionales de defender y preservar el bipartidismo. ¿Acaso se juegan algo más que el honor en las elecciones del domingo?