Desconciertos

Ya afirmó Gibbon que el gran triunfo del paganismo llegó cuando el Cristianismo se apropió, en forma de santos y vírgenes, de los viejos cultos a los numerosos dioses que, anteriormente, el Imperio Romano había ido asimilando. Para no perder las viejas tradiciones, valga la antítesis, vemos cómo ahora los más fervientes defensores del Catolicismo aceptan como lógicas celebraciones paganas, extranjeras, extrañas… ¿bárbaras?

En mi municipio lleva gobernando el PP desde tiempo inmemorial. En ningún sitio como aquí se oye defender la Religión como asignatura indispensable en los colegios, ese santo de batalla que defienden los adalides de las costumbres antañonas más que de la tradición. Pues bien, mi Ayuntamiento va anunciando por los institutos y colegios de su territorio la celebración de Halloween: Noche del terror “La maldición del condenado. Una fiesta pagana pagada con fondos públicos. ¿Y Todos los Santos? ¿Y el Día de Difuntos? ¿Qué tal una representación del Don Juan Tenorio de Zorrilla, muy católica ella?

Ya he mencionado a menudo mi opinión sobre la asignatura de Religión confesional como asunto tenebroso e insultante. Peor aún si tenemos en cuenta que los alumnos que la cursan tampoco saben quiénes fueron Abraham, Moisés o Lázaro. Pero nada, ahí siguen nuestros mandamases peleándose por el tema mientras el saber cada vez escasea más en nuestras aulas.

Más preocupante me parece la petición de los colegios concertados de ampliar el concierto a la enseñanza secundaria no obligatoria, es decir, al Bachillerato. También he escrito cómo estos colegios son competencia completamente desleal de los privados no concertados. Pero, tras casi 40 años de democracia, nadie ha movido un dedo y los colegios concertados son necesarios para nuestro sistema educativo. ¿Dónde y con qué dinero se escolarizarían sus alumnos si se eliminase el concierto?

Pero ahora estos colegios, que deberían haber sido sustituidos por instituciones públicas, quieren ampliar sus dominios a costa de la escuela privada. Aparte, pocas veces se dice que muchos colegios concertados –no todos, que de todo hay en el reino del Señor– son foco de numerosas corruptelas.

Por ejemplo, aunque estos colegios, por ley, deben aceptar a alumnos de su municipio independientemente de su raza, religión, condición social… muchos no tienen entre sus alumnos ni uno perteneciente a las minorías correspondientes. Quizás se deba a que muchos de sus estudiantes son hijos de padres que, en fraude de ley, siguen empadronados en casa de los abuelos para tener derecho a llevar a los niños a una escuela concertada determinada.

Peor aún es que, aunque en apariencia gratuitos, muchos de estos colegios exigen a los progenitores una “contribución voluntaria”, contribución que los propios afectados suelen denominar “impuesto revolucionario”. Pero nadie moverá un dedo para evitar que se siga infringiendo la ley desde el beneficio de un concierto con la Administración Pública.

Resulta paradójico, o no, que la mayoría de estos colegios concertados sean, a su vez, religiosos. Probablemente en ellos también se decoren paredes, pasillos y patios con motivos espantosamente estéticos propios de Halloween. Después de todo, la hipocresía no es ninguna novedad en muchos rincones de nuestro país.