Sin gallina ni huevos de oro

Ahora que las historias de superhéroes también se han vuelto estomagantes por repetición y suma irregularidad, la ausencia de creatividad del viejo Hollywood llama aún más la atención. Cada pocos meses, casi cada semana, llega alguna película que, bajo el disfraz de secuela, precuela o adaptación, viene a contarnos la misma historia de siempre o, cuando menos, a alargarla.

Por eso, antes y después de Shrek, han sido innumerables los filmes que han recreado los viejos cuentos que, en su día, recopilaron Perrault, los Grimm, Afanásiev y otros amantes del viejo folclore euroasiático. Hemos visto a una Caperucita cheli, a un lobo feroz fumeta, a una maléfica contrita, a una Blancanieves más fea que la madrastra, a Cenicienta de todas las razas y colores…

Junto a estas historias de toda la Historia, valga la redundancia, se sitúan esos dos o tres libros que, más por gracia de Disney que por otra cosa, pertenecen al mismo canon de historias imperecederas que explotar hasta la extenuación que, por otro lado, hace tiempo que llegó. Alicia y Peter Pan son dos figuras sobreexplotadas que, empero, sufrirán aún más adaptaciones cinematográficas en los próximos años.

El pasado viernes se estrenó Pan: Viaje a Nunca Jamás, la precuela sobre la conversión del infante Peter en el inmortal mito de mallas verdes residente en Nunca Jamás, raptor de niños en tiempos difíciles y pesadilla del pobre Capitán Garfio. Con toda la parafernalia que la ocasión requiere, 150 millones de dólares de presupuesto, una calificación para casi todos los públicos y un Hugh Jackman irreconocible, la gran superproducción de Hollywood se lanzó a ordeñar un poquito más la esquilmada ubre del personaje creado por J.M. Barrie.

¿En serio quieren fidelizar al público con unos argumentos antañones y una acumulación infernal de efectos digitales? ¿Acaso la repetición de personajes y estéticas puede llevar a otro puerto diferente al del hastío combinado con la aprensión? ¿No da la impresión de que ya no quedan ideas en la gran meca del cine?

A pesar de estar de viaje, tuve la oportunidad de ir a ver Pan, pero opté por darme un paseo por la noche mientras la temperatura se acercaba incómodamente a los 0 grados. Y, se supone, adoro el cine. Mi segundo fin de semana sin película en menos de dos meses.

Pero lo peor es que, por el otro lado, vamos viendo cómo se van acercando filmes paralelos a este fenómeno sobreexplotador en los que los superhéroes se enfrentarán entre sí: que si Superman contra Batman, Iron-Man contra el Capitán América, Ant-Man contra Anteater-Man…

¿Cuánto nos queda para que veamos una película de Caperucita contra Cenicienta? ¿Y de la Bella Durmiente contra los tres cerditos? ¿Estaremos satisfechos sin que por fin nos echen el inevitable duelo entre el alucinógeno País de las Maravillas de Alicia y el Nunca Jamás de Peter Pan? Ya Into de Woods, el musical en que Meryl Streep hacía de bruja, era un refrito de todas estas historias. ¿Por qué no unas cuantas dosis más de violencia?

Estas precuelas, secuelas, adaptaciones o lo que sean son síntoma de una crisis creativa como pocas veces se ha visto. De todas maneras, es algo lógico. ¿Qué otra cosa se puede esperar si ardo en deseos de que me rompan el corazón con el Episodio VII de Star Wars? En el fondo nos lo tenemos merecido.