Ozores y Guillermin

En el Diccionario del Cine Español realizado por la Academia de las artes y las ciencias cinematográficas de España se dice que Mariano Ozores que “Durante la transición política y en los primeros años de democracia sus películas se decantan hacia posiciones ultraconservadoras, haciendo de la sátira política de tintes ultraderechistas el principal filón”.

¡Menuda memez! No creo que en Los bingueros ni en El liguero mágico, ni siquiera en Todos al suelo, uno advierta el menor tinte ideológico o político. Ozores, en sus cuatro décadas como guionista y director, fue un amante del asburdo, de las prisas, del trabajo rápido, a veces chapucero, de la risa y del público.

La Academia, quizás por sentimiento de culpa, ha decidido darle el Goya de Honor 2016 a Mariano Ozores, el hermano de José Luis y Antonio, el autor de casi un centenar de títulos cercanísimos a los terrenos de la comedia más española, a veces burda, a veces casposa, otras genial.

Ozores es el director de algunas de las mejores películas de Gracita Morales o Paco Martínez Soria. Pero si será recordado en el futuro fue porque juntó a Fernando Esteso y Andrés Pajares en una serie de películas que, digan lo que digan, reflejan magníficamente la España de finales de los 70 y principios de los 80.

En mi opinión, ningún filme como Los bingueros enseña tan bien lo cutre que era nuestro país a la salida del franquismo.

Al otro lado del Atlántico, acaba de morir John Guillermin, uno de estos directos de escaso renombre que, empero, durante un par de décadas realizó algunos títulos memorables, como El robo al banco de Inglaterra, El puente de Remagen o el King Kong que convirtió a Jessica Lange en un mito erótico.

Su película más famosa es El coloso en llamas, que en 1974 dio uno de los principales pasos para las superproducciones que, bien o mal, nos han llegado desde entonces. Cine de catástrofes, su principal virtud comercial fue que unió a Paul Newman, Steve McQueen, William Holden, Fred Astaire y muchos otras estrellas en un largometraje que, aún hoy, tiene algunas escenas realmente emocionantes.

Como decía mi padre, son los directores artesanos como Guillermin los que crean industria. Sin grandes alardes, entregaba películas de buena calidad ortográfica y gramatical porque conocía el oficio.

Mariano Ozores y John Guillermin, cada uno a su modo, son esenciales para entender el negocio del cine. No serán ganadores de grandes premios ni santones de la crítica, pero llenaban salas. Y en el caso del español, llegaban a rodar siete películas en un solo año.