Talento, estulticia y otra de zombies

Ha muerto Carmen Balcells, catalana ilustre que consiguió colocar la literatura en español entre las más valoradas del mundo. Balcells, desde Barcelona, se convirtió en la agente literaria por excelencia, en la madrina de García Márquez, Vargas Llosa y muchos otros geniales escritores, en la creadora de una empresa respetada a ambos lados del Atlántico, en ambos hemisferios.

La tiranía cultural ha homenajeado como se merece a Balcells pues, seguramente sin pretenderlo, ayudó a elaborar ese canon de escritores y lecturas que, desde el ámbito de El País, tanto cojea, tanto limita, tanto excluye. En cualquier caso, resulta un tanto paradójico que la progresía cultural alabe tanto a la que, al fin y al cabo, fue una de las empresarias de más éxito del último medio siglo.

El pasado finde, por su lado, Fernando Trueba, tras recoger el Premio Nacional de Cinematografía, metió la pata al afirmar que no se había sentido español ni cinco minutos de su vida. Ahora, tras disculparse, se descubre que quería hacer comedia y no política, que fue torpe más que reivindicativo, equívoco en lugar de hipócrita.

Los del viejo cine español, tan cercanos a la ya citada tiranía, no dejan de meter la pata mientras hacen pocas –lo que se agradece– películas y meten mucho ruido a costa del presupuesto. Es completamente paradójico recordar que Trueba mencionó que creía en Billy Wilder cuando recogió su Oscar por Belle Epoque… hace muchísimo tiempo. Personas como este (ex)director insisten en demostrar que Erasmo dejó a muchos tipos y arquetipos fuera del listado de su obra maestra.

Para colmo de males, el pasado fin de semana, sin ganas de pasar frío y angustia en el Everest, con muchas menos de soportar el biopic sobre el Papa Francisco, me metí a ver la segunda parte de El corredor del laberinto. Algunas cosas, como las salidas de tono –propias o ajenas– deben ser olvidadas; otras, como lo malísima que era la primera parte de esta nueva saga de inanes personajes e historias repetitivas, jamás, pues de haber tenido mejor memoria me habría ahorrado dos de las horas más largas de mi vida.

Al margen de si El corredor del laberinto: Las pruebas gusta más o menos, lo peor es que, una vez conseguí recordar de qué iba la historia, me topé de lleno con otra película distópica que presenta las ruinas de una sociedad en la que una enfermedad ha convertido a la mayoría de seres humanos en ¡ZOMBIES! Otra más, sin avisar, sin venir a cuento… ¿Aparecerán en la tercera parte los inevitables vampiros?

Balcells nos ha dejado no mucho después que Gabriel García Márquez. Los dos ayudaron a crear lo que somos. Pero, ¿en qué momento del camino, en qué encrucijada, a qué altura de nuestra odisea se torció todo para que, cuando tenemos más libertad, potencial y posibilidades que nunca, nos hayamos entregado de pleno a la imitación más zafia, vacua, inútil, estéril, cansina…? Así, hasta resulta lógico, coherente y encomiable que le den premios a personajes como Fernando Trueba.