Memorables: Akira

A finales de los 80, por lo menos para aquellos que habíamos crecido en el estatismo de Heidi, Marco y Mazinger Z, llegó Akira, largometraje japonés de animación que mostró maneras, estéticas y narrativas, que nos descubrieron un mundo completamente nuevo que, poco a poco, se ha ido sumando al resto de nuestras experiencias cinematográficas.

Akira comienza con unas carreras de motos que, siendo de dibujos, supusieron una revolución para todos aquellos que desconocíamos el lado más avanzado del anime.

Y así, tras el accidente con el que culmina esta persecución inicial, comienza una película que mostró la desbordante imaginación nipona en una mezcla de distopía -el Neo-Tokyo que presenta es, junto a la ciudad de Blade Runner, el paradigma de la miseria urbana futurista-, fuerzas primigenias que tornan en destructivas, bondad oculta en el misterio, la amistad como poder infinito, un intento de tiranía militar, corrupción y estupidez de las masas y los que las gobiernan.

Akira, 27 años después, continúa siendo una magnífica película de acción al tiempo que presenta esa mezcla de ciencia ficción, magia y fantasía con los que los japoneses se mueven en territorios completamente ajenos a europeos y norteamericanos.

Al margen de la historia, tan extraña, tan misteriosa, tan incomprensible cuando raya en la abstracción de acción y reacción, el espectáculo visual es un alarde a menudo imitado, pocas veces superado. Tanto la animación en sí como el diseño de los dibujos, creados por el director y autor de la novela gráfica Katsuhiro Otomo, son soberbios, un adelanto de lo mucho que el anime tendría a bien ofrecernos en los años posteriores.

Akira es un filme que ha envejecido perfectamente, un muestrario de una decena larga de personajes memorables, un gigantesco culebrón que cuesta entender, una sucesión de escenas y secuencias tan trepidante que apenas deja tiempo para respirar o pensar.

Pero luego, cuando terminas de verla, por primera vez o no, es de esas películas que no te dejan tranquilo, que te invitan a reflexionar, fantasear, imaginar... Porque es una película de pura fantasía que, a menudo, mete el dedo en la llaga. Akira ya es un clásico.