Proskynesis

En la antigua Persia los súbditos debían mostrar su sumisión al monarca a través de la proskynesis, complejísima y humillante reverencia que mostraba las enormes diferencias de rango y consideración social y humana.

Cuando los griegos vencieron a los persas en las Guerras Médicas se fraguó la gran victoria del individuo sobre la tiranía. Maratón, Termópilas, Salamina, Platea… suponen la gestación de Occidente que, muy lentamente, llegó a convertirse en la –por lo menos en ideal– combinación de prójimo, tolerancia y, sobre todo, libertad.

Pero, desde el principio, surgieron corrientes contrapuestas a la máxima del individuo sobre el sistema. Cuando Alejandro Magno intentó imponer la ceremonia de la proskynesis en su corte, sus generales se opusieron radicalmente, pues el gran conquistador tan solo era el primero entre los macedonios que lideraron el ejército heleno.

La proskynesis, hoy en día, se consideraría un absurdo en todos los sentidos. Pero, ¿acaso no existen numerosos ejemplos de sumisión, pleitesía, lameculismo, servilismo y negación del yo que no son más que simples plasmaciones metafóricas de aquella arcaica reverencia?

Hace unos pocos días me irritó sobremanera escuchar cómo al director de un periódico se le llenaba la boca con las palabras libertad e independencia. En voz alta proclamaba su fe en los ideales occidentales mientras, cada día, permite que su diario se someta servilmente a los dictados del poder establecido, promiscuamente, en La Moncloa y la calle Génova.

Al mismo tiempo, causa estupor ver cómo unos pocos sátrapas catalanes se dejan llevar por el delirio despótico de querer someter a gran parte de la población catalana a un camino independentista que apartará a Cataluña de Occidente y sus principios. Otro culto más a la tiranía impuesto sobre el sacrosanto respeto a la libertad y al individuo.

Aunque quizás el caso más visible y patológico de proskynesis sea la dictadura de lo políticamente correcto, ese deshacer constante y sistemático del idioma para imponer incorrecciones gramaticales y semánticas en aras de una mayor igualdad de esencias y existencias. Lo políticamente correcto es una servil reverencia que imponen los paranoicos que viven del victimismo y se imponen a los que entienden la tolerancia como un constante ceder ante las quejas ajenas, tengan o no fundamento.

Pero igual que Leónidas y Temístocles resistieron a las tropas persas en defensa de los ideales del ciudadano heleno, debemos ser leales a nosotros mismos y resistir los embates de todos estos pragmáticos esclavos del servilismo de ideas, partidos, intereses y prejuicios.

Jamás debemos olvidar que Occidente se construyó, tras siglos de resistencia de fanáticos y déspotas, a partir de los ideales de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Cualquier acercamiento a la vieja proskynesis, de hecho, pensamiento o esencia, debería ser desechado para ver si así, de algún modo, en algún momento, conseguimos recordar quiénes somos y quiénes queremos (volver a) ser.