Memorables: Reservoir Dogs

Hubo un tiempo en que la calle Martín de los Heros, gracias a los cines Alphaville, Renoir y Lumiere, se convirtió en una suerte de foco de ilustración cinematográfica donde, finales de los 80 y principios de los 90, muchos nos educamos en un cine diferente, minoritario, un claro contraste con lo que se podía ver, a pocos metros, en plena Gran Vía. ¡En versión original, nada menos!

En aquellos cines había películas que se perpetuaban en cartelera, como Reservoir Dogs, la gran presentación en sociedad de Quentin Tarantino.

Bien es sabido que Tarantino no es uno de mis directores favoritos. Tiende a lo elefantiásico, sobre todo en los diálogos estériles y el alargamiento de tramas sin profundidad. Además, muchas veces cae en una nada velada apología de la violencia y, con la excusa de homenajear al peor cine de los 60 y los 70, no se sabe muy bien si cae en el esperpento, el plagio o la simple parodia.

Pero en Reservoir Dogs nada de esto ocurrió porque contó con un presupuesto de apenas 1,2 millones de dólares, conseguidos en gran parte gracias a la colaboración de Harvey Keitel. Y, con poco dinero, Tarantino tuvo que ahorrar en película y en demás elementos que luego le han llevado al olimpo de la desmesura.

Por ejemplo, en esta película aparecen dos o tres de esos diálogos que nada aportan a la trama, como los eternos de la katana o el final de Kill Bill o los muchos de Pulp Fiction. Aquí, cosas del ahorro, apenas duran, como mucho, un par de minutos, y así la gracia y la sorpresa no se diluyen.

Aparte, la historia de un atraco que no vemos, la magnífica puesta en escena, con mucho más de teatro que de homenajes cinematográficos, engarza una serie de personajes perfectamente construidos para entretener y sorprender al espectador.

La violencia también se contiene en Reservoir Dogs aunque, estamos en 1992, recuerdo lo mucho que se habló de la escena de la oreja, pues entonces era más fácil impactar y remover estómagos y conciencias.

Pero, sobre todo, lógicamente si hablamos de puro teatro, esta película se sostiene en las magníficas interpretaciones de Keitel, Tim Roth y Steve Buscemi... bien apoyados por los a partir de entonces flojísimos Michael Madsen y Chris Penn. Porque, no puedo negarlo, Tarantino es un magnífico director de actores.

Reservoir Dogs me sigue pareciendo el mejor filme de Tarantino. Gracias al ajustado presupuesto la megalomanía y tendencia a lo mastodóntico se contuvieron para ofrecer un magnífico espectáculo cinematográfico con muchísimo de teatro del bueno.