Memorables: 500 días juntos

A menudo nos limitamos a quedarnos con la boca abierta ante las grandes obras maestras o cerrada, en un mohín de desaprobación, ante las malas películas. Sin embargo, hay un mundo en esos filmes “pequeños” que, a menudo, tienen muchísimo que ofrecer.

El presupuesto de 500 días juntos fue de 7,5 millones de dólares, lo que en Estados Unidos es una miseria. Y nos encontramos con una película deliciosa, llena de posibles y variadas lecturas, que sugiere más que cuenta, que refleja como pocas las cuitas de los jóvenes de principios del siglo XXI.

500 días juntos cuenta la relación entre dos chicos que trabajan en la misma oficina. Y rompe con cualquier intento de linealidad en el relato para llevarnos adelante y atrás y así potenciar el conflicto, mejorar la tensión dramática… sin caer jamás en el sentimentalismo, en los grandes momentos de guión o director. Sencillamente, sin perder su poder cautivador, nos cuenta una historia sencilla sin grandes algaradas.

Nada más comenzar el narrador nos dice que no estamos ante una historia de amor. Pero las apariencias de 500 días juntos son las de una comedia romántica. Bajo ese disfraz lo que de verdad subyace es el aprendizaje de un joven a partir de una relación que nunca termina de dominar y de una chica que consigue reconciliarse consigo misma.

Así, a partir de una estructura quebrada e hipnotizante, unos diálogos ágiles, y dos protagonistas cercanos y muy bien interpretados -por el siempre prometedor pero nunca suficientemente aprovechado Joseph Gordon-Leavitt y la dulce Zooey Deschanel- la película se abre a los momentos íntimos y aparentemente cotidianos de dos personajes cualesquiera y conformar un conjunto vital, apacible y reconfortante.

Tras el invento se situó el director Marc Webb antes de entregarse al Amazing Spiderman. Cosas de los nuevos tiempos.

Y uno se pregunta por qué no hay más comedias de estas, divertidas, gráciles, profundas… hijas de Woody Allen y tan necesarias para distraerse, sonreír y reflexionar.