Ahora o nunca

Marujita Díaz fue otra de aquellas estrellas que, a partir de una particular manera de cantar a la española, hicieron películas que, nada sorprendentemente, gustaban a los españoles. Con la muerte de Marujita Díaz desaparece una de las últimas representantes de esa manera de entender el cine que mezclaba lo chusco con lo melódico, lo casposo con lo folclórico.

El año pasado el cine español se reconcilió definitivamente con su público. Dentro de un puñado de muy comerciales películas sobresalió Ocho apellidos vascos, refrescante cinta de humor de crítica blanca –valga el oxímoron– divertidísimas interpretaciones y diálogos memorables. Por si fuera poco, el filme descubrió para el cine a Dani Rovira, cómico con el potencial para convertirse en una gran estrella de la industria cinematográfica.

Precisamente, Dani Rovira es el principal reclamo de Ahora o nunca, comedia española recién estrenada que cuenta cómo los planes de boda de una joven pareja se ven pospuestos una y otra vez por las más diversas circunstancias.

Ahora o nunca, estructuralmente, está bien construida –salvo el final, tan previsible como soso– para que nos divirtamos a costa de los protagonistas. Además, junto a Dani Rovira aparecen otros rostros amables y graciosos conocidos por vehículos más o menos cercanos pero ajenos al cine, como  Yolanda Ramos o una Melody que, no sé por qué, me recordó a la Shirley Temple de Fort Apache.

Si a eso unimos que por ahí aparecen María Valverde –estrella sin recursos interpretativos, pero estrella al fin y al cabo– y Clara Lago, que las cosas están rodadas correctamente, que, casi siempre, se entiende lo que dicen los actores, que algunas escenas ocurren en Amsterdam y que hay crítica a ingleses, españoles y holandeses, lo más sencillo sería pensar que estamos ante otra buena comedia que revienta la taquilla.

Pero no. Ahora o nunca fluye lejísimos de Ocho apellidos vascos y, a pesar de su primer fin de semana de recaudación, quedará bien lejos de ella en el total. Especialmente porque María Ripoll, la directora, es incapaz de sacar punta a los momentos más dramáticos y porque el guión, una vez cumplido lo de la estructura, ha prescindido de los diálogos como elemento esencial y necesario de cualquier película hablada.

Es decir, Ahora o nunca recae en el viejo vicio de parte del cine español de dejar que la gracia la pongan los actores y no las palabras. Así, de vez en cuando uno se ríe con algún chiste de Rovira o alguno de sus acompañantes, pero en líneas generales se deja que la trama corra libre como el aire a ver si algún gag cae por aquí o allá. Como prueba, de un autobús lleno de borrachos jaraneros no surge absolutamente nada digno de mención.

Por si fuera poco, Ahora o nunca se promocionó con uno de esos trailers spoilers que incluyen todo lo bueno y sorprendente que puede haber en una película.

Así, cuando se podría haber aprovechado el tirón de Ocho apellidos vascos, se ha seguido el viejo camino, mal manido, de currarse bien poco el guión. Ninguna de las películas de Marujita Díaz pasará a la historia por su calidad, pero siempre habrá algún pequeño golpe de humor dialogado, alguna canción, algún quiebro que sobresaldrá de la pantalla.

Algo que, ahora o dentro de diez años, no podrá decirse de Ahora o nunca.