Memorables: Único testigo

Peter Weir es otro de esos directores que, a pesar de una soberbia filmografía, pasan desapercibidos ante los santones de la crítica y el gran público. Sin embargo, algo más de crédito merece el responsable de títulos como El año que vivimos peligrosamente, El club de los poetas muertos, Matrimonio de conveniencia, El show de Truman, Master and commander y Único testigo.

Precisamente esta última muestra la grandeza de un director que, aparte de escribir alguno de sus propios títulos, ha sabido escoger bonísimos guiones. Único testigo, como sugiere su título, parte de una premisa policiaca: un niño se convierte en la única persona que puede delatar al culpable de un asesinato.

Tras ese crimen se esconde un caso de corrupción policial, algo visto cientos de veces. Pero, ¿qué ocurriría si el niño es un amish, un miembro de una corriente anabaptista de modos puritanos que vive como si estuviesen en pleno siglo XVIII?

Así, como el policía honrado de turno se ve obligado a convivir con los amish, surge otro conflicto que nos sumerge en un docudrama: junto al reportaje sobre el modo de vida de tan peculiares cristianos se sitúa la historia del hombre moderno que intenta, mal que bien, adaptarse a un mundo extraño, remoto, distante por su pacífica manera de entender la existencia.

Pero, a mi entender, el drama y lo policiaco se ven superados, en esta ocasión, por lo romántico. Más allá de las bondades de Único testigo como peli multigenérica, me quedo con la historia de amor imposible entre el protagonista y la viuda amish, una mujer fuerte que, esta sí, se ve tentada por el mundanal ruido. Entre todas las escenas románticas, de una sutilidad magistral, me quedo con el baile a la luz de los faros de un coche.

Y, para colmo de bienes, el filme termina con un duelo del héroe solitario, ayudado por la mujer, contra los malos; claros ecos de Solo ante el peligro.

Al ver Único testigo destaca la presencia del estelar Harrison Ford y de Kelly McGillis, que comenzaba aquí su fulgurante y efímero estrellato cinematográfico -que culminó en Top Gun– antes de dar preferencia a sus papeles teatrales.

Único testigo es otra de esas pelis que, bajo el mando de un hábil director, se conforman redondas gracias a la combinación de todos sus elementos: banda sonora, guión, montaje, fotografía, dirección artística…

Otra más de esas pelis de los 80 que triunfaron en su día y van envejeciendo bien.