Cannes y Aranda

El festival cinematográfico de Cannes es una gigantesca y refrescante contradicción que revela claramente cómo somos por Occidente. Este glamuroso escaparate del cine más minoritario se celebra en un privilegiado enclave donde pasan las vacaciones los que son minoría por algo bien diferente.

Por otro lado, el muy europeo Cannes necesita de las grandes estrellas de Hollywood para alcanzar notoriedad. Charlize Theron, Salma Hayek, Cate Blanchett, Michael Caine… han paseado este año por la alfombra roja de la ciudad de la Costa Azul. La primera, para más inri, para promocionar la nada comercial secuela o remake de Mad Max, cuya proyección fue una de las grandes noticias del certamen.

La película más aplaudida de este año ha sido Del Revés (Inside Out), por lo que he leído otra maravilla de Pixar. Claro que ni esta ni Mad Max competían en la sección oficial, en el otro Cannes, el de los premios que, más que atraer público, lo repelen, que condenan a ciertos títulos al ostracismo de las salas más minoritarias.

En Cannes se pasan toda una semana proyectando películas que, rara vez, gustan a los grandes críticos que, dentro de ese espíritu que tan bien se reflejó en Los Simpsons, alaban pocos filmes que, a su vez, rara vez rascan premio. Por ejemplo, este año han recibido grandes parabienes las películas de Blanchett y Caine pero al final el jurado, presidido por los Coen, ha premiado a filmes que habían pasado de puntillas… y a Rooney Mara –compañera de reparto de Blanchett en la prometedora Carol– que, quizás por americana, ha tenido que compartir premio con la francesa Emmanuelle Bercot.

Por otro lado, acaba de fallecer el director Vicente Aranda, que solo compitió una vez por la Palma de Oro con El Lute II: mañana seré libre. Algo extraño si pensamos que este director de cine español, tan prestigioso, se parece mucho a ese cine que gusta tanto en Cannes, ese que pone las ideas por delante de las tramas.

Personalmente, no soy muy aficionado al cine de Aranda. Salvo Amantes –Victoria Abril ganó un Oso de Plata por su espléndido papel– y la primera parte de El Lute, apenas me interesa nada de su filmografía. Bueno, hay que reconocer que fue un espléndido director de actrices, como demostró Pilar López de Ayala en Juana la Loca, y de escenas eróticas.

Aranda fue un gran ejemplo del cine español comprometido con unas ideas. Por ejemplo, se puede recordar Libertarias como una mirada personal y sentida hacia la Guerra Civil. Y solo un director plenamente convencido de sus ideales pediría retirar el yugo y las flechas del escudo de los Reyes Católicos para evitar malinterpretaciones y mostrar ignorancias.

Antes de que comenzase Cannes 2015 se mostró preocupación por que ninguna película española compitiese en el certamen de certámenes. 2014 fue el mejor año en ingresos del cine español. Quizás el hecho de que de nuevo se apueste por atraer al público nacional a las salas tenga que ver con la imposibilidad de acudir a Cannes, Berlín o Venecia.

¿Buena o mala noticia? Porque, ¿alguna vez alguien ha ido a ver una película solo porque haya ganado la Palma de Oro, el Oso berlinés o el León veneciano?