Memorables: Ciudadano Bob Roberts

Los procesos electorales rara vez aparecen el cine, aún menos como tema central de un filme,. Algunas vez, de manera secundaria, ha aparecido alguna secuencia magistral, como la del saloon reconvertido en centro de convenciones en El hombre que mató a Liberty Valance. Ahora mismo, recuerdo Ciudadano Bob Roberts como el mejor filme centrado plenamente en una campaña electoral.

Tim Robbins buscó durante seis años el dinero que le permitiría debutar en la dirección. Nada paradójicamente, dada la enorme carga crítica de la película, al final tuvo que ser una productora británica, la encomiable Working Title, la que financiara el proyecto.

Ciudadano Bob Roberts nos presenta a un cantante folk -hay muchos guiños a la música y filmes de Bob Dylan- devenido en candidato al Senado de Estados Unidos. Y detrás de este personaje, de apariencia afable y modos liberales, hay mucha, muchísima oscuridad.

Rodada en estilo documental, el filme es una de estas parodias o críticas que, con cierto tono de comedia, resulta amarguísima por su reveladora descripción de las artimañas que usan los candidatos para mejorar en las encuestas. Bob Roberts se nos presenta como un gran tipo pero, ¿como todos?, está dispuesto a todo para ganar las elecciones.

Además Robbins, cuyas ideas son de todos conocidas, en 1992 tuvo la lucidez de presentarnos a un populista del Tea Party antes de que este fuera ni siquiera concebible. Bob Roberts esconde en sus buenas maneras y sus canciones unas ideas ciertamente tenebrosas.

Si a eso unimos la reflexión sobre el papel de los medios de comunicación, nos encontramos con una película altamente recomendable que, por lo menos la primera vez, entretiene, sobrecoge y sorprende.

Tim Robbins tuvo un brillante debut detrás de las cámaras para, poco después, entregar la también encomiable Pena de muerte. Además, como protagonista, consiguió crear un personaje que, en el siglo XXI, tristemente se ha convertido en realidad.