Mad Max

Algo huele a podrido en Occidente cuando, en lugar de contarnos nuevas historias o mostrarnos personajes originales, no dejan de hacer remakes –que en la mayoría de los casos no mejoran el original– o de rescatar viejos nombres que, por algo, yacían en el olvido o en la nostalgia de sus principales seguidores.

Mad Max nació con fuerza en 1979 con los ropajes de Mel Gibson. Mejor fue la segunda parte. La tercera, empero, ya demostró el agotamiento de la fórmula. Mad Max es un caso extraño, pues tanto el personaje como el mundo apocalíptico al que sobrevive están muy por encima de la trilogía original.

Quizás por eso George Miller, director de las tres películas, ha decidido entregar una cuarta parte, Mad Max: Furia en la carretera. Y, como en sus hermanas mayores, apenas se ha profundizado en la sociedad del futuro –ese mundo sin agua ni petróleo es pura fachada sin fondo– y apenas se ha desarrollado el personaje protagonista. Más bien al contrario, pues se le ha convertido en una especie de gruñidor melancólico y esquizoide cuyo mérito es salvar su vida y la de otros.

Esta nueva entrega consiste, básicamente, en una larga persecución: unas mujeres, concubinas de una suerte de tirano, huyen, ayudadas por Max, de hordas de vehículos conducidos por seres sin rostro ni personalidad. Apenas hay un par de rasgos desdibujados en un puñado de personajes; el resto tan solo es velocidad, choques, golpes y saltos al vacío de un guión vacío.

Aparte, en lugar de Mel Gibson nos encontramos con que Mad Max ahora es Tom Hardy, buen actor que debería ser estrella. Charlize Theron también se ha apuntado a la vertiginosa juerga. Y, sin embargo, sus personajes apenas enganchan porque no tienen nada dentro.

Lo más curioso es que, aunque Miller afirme que no se han utilizado efectos digitales en las persecuciones, todo tiene un aspecto falso, infográfico, muy alejado de la estética de la trilogía original, que en eso sí sentó un punto de inflexión en el subgénero apocalíptico.

Aparte, repito, echo de menos que se desarrollen más y mejor las relaciones sociales del nuevo mundo, que se profundice en los personajes y se nos deje ver una evolución en el bueno de Mad Max que, aun con nuevo cuerpo, ya huele a anciano hastiado del geriátrico.

Sin embargo, la película se ha convertido, incluso antes del estreno, en uno de los grandes taquillazos de la temporada. Y en algunas páginas de internet ya se la sitúa entre las mejores películas de siempre. Quizás su ritmo trepidante impida que te des cuenta de las trampas de guión y que bosteces. Es innegable que puede entretener pero, no nos confundamos, estamos ante una de las películas más innecesarias, planas y fútiles de todos los tiempos.

En serio, ¿no son capaces de crear un nuevo personaje, alguien llamado, por ejemplo, Crazy Matt?