Memorables: El bosque

Al ver el primer episodio -asfixiante- de la prometedora serie Wayward Pines me reencontré y reconcilié con M. Night Shyamalan, director que a los 29 años nos deslumbró con El sexto sentido y que ahora, con 44, parece acabado. Sin embargo, en la tele ha vuelto a mostrar sus virtudes como realizador: dominio del espacio, la imagen, el sonido y la dirección de actores.

Una de mis películas favoritas de Shyamalan es El bosque, en su momento machacada por la crítica y en general despreciada por el público.

El bosque nos sumerge en una aldea de modos decimonónicos y rodeada por un bosque en el que habitan unos seres monstruosos que aniquilan a cualquiera que se atreva a abandonar el pueblo.

La historia, como suele ocurrir en Shyamalan, se basa en los efectos sonoros y en un final sorprendente, al límite de la trampa. Shyamalan, como en El protegido, esconde tras el costumbrismo una historia de enorme suspense.

La película me gustó en su momento por su fuerza narrativa. Ahora, sin la capacidad de sorpresa, sigue siendo interesante; visualmente, por el espléndido contraste de los rojos y amarillos con la apagada fotografía del filme; dramáticamente, por la puesta en escena de una historia llena de subtexto y segundas lecturas; y, sobre todo, porque la “batalla final” enfrenta a la protagonista, una chica ciega, a un viaje a través del tenebroso bosque para comprar unos antibióticos que salvarán la vida del amor de su vida. Esta pequeña odisea, encarnada en una soberbia Bryce Dallas Howard, es una pequeña alegoría de lo que fuimos, somos y quizás nunca volveremos a ser.

Porque El bosque, sobre todo, es un filme crítico en su metáfora de lo que Ulrich Beck denominó La sociedad del riesgo y ahora, directamente, es la del miedo. Los habitantes del pueblo de Shyamalan representan a un occidente aterrado, capaz de cualquier cosa, incluso de renunciar a sí mismo, para protegerse de los ataques exteriores o internos, explícitos o no.

Esa lectura con ínfulas, de la que suelo renegar -sobre todo en el cine-, muestra una crítica descarnada de una sociedad que corre el peligro de entregarse al puritanismo o a los extremismos para protegerse del caos y la confusión inherentes al siglo XXI.

En cualquier caso, El bosque es una bonísima película que muestra la enorme capacidad visual y narrativa de un maestro que, por edad, debería entregarnos unas pocas joyas más… espero que pronto.