Miedo a coger la pluma

Llegan a los colegios los nuevos libros de texto adaptados a la nueva ley educativa, la LOMCE. No se notan demasiados cambios. En lengua, por el contrario, parece que en 3º de ESO y 1º de Bachillerato se quiere potenciar el estudio de sintaxis que, en España, siempre termina reduciéndose al análisis sintáctico, un procedimiento descuartizador de oraciones que no sirve para absolutamente nada.

Por si fuera poco, en Bachillerato se estudiará, de nuevo en un solo curso, la literatura –solo la española– desde la Edad Media –de Grecia y Roma solo importa la mitología– hasta 1900. Supongo que el siglo XX se deja para 2º de Bachillerato, que la tiranía cultural anda impaciente por que Muñoz Molina o Manuel Vicent sean material académico.

A todo esto, recordemos, se une el hecho de que Filosofía solo será obligatoria en 1º y que la Historia de España –desde Atapuerca hasta Aznar o Zapatero, valga la redundancia– se estudia íntegramente en 2º. El señor Wert y sus secuaces han hundido un poco más los ya terriblemente castigados estudios de Humanidades.

Realmente, en España y el resto del mundo, cuando se hablan de reformas o revoluciones educativas todo se centra en el modo, en el cómo, nunca en el qué. De ahí que no dejen de oírse referencias a la psicopedagogía, a los más modernos sistemas de aprendizaje, a las reválidas y todas esas zarandajas. Hay que motivar a los chavales como sea, y poco importa que no estudien en profundidad quiénes fueron, por ejemplo, Napoleón, Maquiavelo o Sócrates.

La LOMCE, como todas las leyes educativas desde 1970, parece una invitación a la evaluación fácil y un ataque directo a cualquier incitación al espíritu crítico y/o el pensamiento libre. Después de todo, si seguimos estudiando la lengua como hace 150 años, y nos dejamos llevar por el estructuralismo y las partes más áridas de la gramática, seguramente salgan pocas mentes capaces de darse cuenta de lo mal que funcionan las cosas.

Si nuestros queridos responsables educativos hubiesen leído más y mejor a Galdós, Baroja o Unamuno quizás habrían topado con alguno de sus furibundos ataques a la gramática, que los tres consideran algo muerto, sin vida, ajeno a la lengua viva con la que hablamos, escribimos y pensamos. Pero nada, sigamos dándole por saco al idioma, que en ningún lado del mundo se enseña de manera tan abstracta e incompleta como en España.

Aunque ni siquiera se estén dando cuenta, parafrasean, malamente, a Gloria Fuertes cuando escribió aquello de “Miedo da a veces coger la pluma y ponerse a escribir”, solo que para insuflar ese miedo en el alumno, no sea que de repente aprenda a usar el idioma y, por extensión, a crear desde la libertad de pensamiento, conciencia y expresión.

La LOMCE, más allá de varias nimiedades metodológicas, apenas ha cambiado nada respecto a lo mucho malo que se está desarrollando desde la implantación de la LOGSE. Lo peor es que casi nadie parece darse cuenta de que, más allá del cómo, lo que necesita nuestro sistema es un radical cambio en el contenido de las asignaturas.

Que, por otro lado, deberían basarse muchísimo más en las asignaturas auténticamente humanísticas, precisamente porque no sirven para nada… que no sea el cultivo y fomento del pensamiento ilustrado en pleno siglo XXI. Solo de esta manera se podrá entender el siguiente verso de Fuertes: “miedo da tener miedo a tener miedo”.

Pero, ¿cómo tener miedo si no se sabe qué hay más allá de las propias narices?