El nuevo timo de la estampita

Con poco más de cien años, el cine parece un terreno agotado, necesitado de un largo barbecho. Entre la tele, los libros, internet y las pelis parece haberse agotado la creatividad. Pedir algo completamente original es una quimera… supongo que lógica. Pero por lo menos podrían librarse de los tópicos, arquetipos, trucos y trampas que dominan cada género.

Así, el subgénero de timos y timadores –más allá de aquel monumental timo de la estampita de Los tramposos– parece incapaz de superar El golpe, con su trampa y traca final que, en su momento, sorprendió a propios y extraños. Desde entonces, casi siempre sin conseguirlo, ese truco final se intenta ocultar al espectador que, maleducado en la sobreexposición a demasiadas películas, sabe perfectamente que al final los protas van a salir bien parados.

Focus es la nueva película de Will Smith, en la que encarna a un curtido timador, tercera generación de una mítica familia de embaucadores. En su viaje a una supuesta Super Bowl en Nueva Orleans, Smith instruye a una novata, preciosa, con la que, lógicamente, termina liándose. Como en tropecientas películas anteriores.

Así, tras Nueva Orleans llega un algo sorprendente momento para terminar la segunda mitad de la peli en Buenos Aires, donde todos los engaños al espectador aumentan en número y supuesta intensidad hasta un final increíble en el sentido literal de la palabra. Es decir, no hay quien se lo crea. Aun así, uno (pre)veía ese inverosímil as en la manga porque el tono de la peli no casaba con la osadía de un desenlace trágico (1). No creo que para hacer una peli de timadores sea necesario timar al respetable.

A pesar de todo, el filme tiene su ritmo, se deja ver, entretiene, sobre todo porque da gusto volver a ver a Will Smith en una peli decente y porque su partenaire, Margot Robbie, además de estar buenísima, tiene todo lo necesario para convertirse en una gran estrella. Tiene tanto carisma que parece haber superado, incluso, la actual ceguera de Hollywood en el descubrimiento de nuevos talentos.

Focus está escrita y dirigida por el dúo Glenn Ficarra y John Requa que, por lo menos, muestran aquello que debe verse con buena ortografía. Pero no hay nada nuevo en lo que ofrecen. Casi siempre se parecen demasiado a Steven Soderbergh en Ocean´s Eleven. Y cuando dejan ese camino, huelen a Breaking Bad, Los timadores e, incluso, hay una escena al principio –la lección magistral del protagonista sobre qué se cuece durante la semana previa a la Super Bowl– que parece calcada de Nueve Reinas, indudable obra maestra.

Es lógico que después de tanto cine, tele, internet y libros sea difícil encontrar algo completamente original. Seguramente ya estuviese inventado todo antes del invento del cine. Pero, aunque uno siga entreteniéndose con vehículos como Focus, uno agradecería que dejasen de hacer siempre lo mismo, de repetir los mismos tópicos usando trampas y engañifas, alejarse del camino conocido y ofrecer, de cuando en cuando, alguna sorpresa, algo mínimamente nuevo.

Aunque tan solo sea en honor de los viejos tiempos cuando, por ejemplo, John Wayne se cargaba al malo de un solo disparo en lugar de, como ahora, tener que matarle dos, tres o tropecientas veces.

(1) En películas de timos, en este siglo solo me sorprendió el final de Matchstick Men (Los impostores) de Ridley Scott, filme que me encantó a pesar del sobrepasado Nicolas Cage.