Memorables: Taxi Driver

Kapuscinski, en uno de sus artículos de Ébano, cuenta cómo miles de parados vagan, cartera en mano, por las calles de las grandes urbes africanas sin ningún destino, hora tras hora, solos y alienados. Taxi Driver, en cierto modo, es la traslación de este fenómeno a una Nueva York decadente y pútrida.

Ciertamente, gran parte de Taxi Driver se ve desde el taxi que conduce Travis Bickle -el personaje de Robdert De Niro- un veterano de Vietnam que pulula sin saber muy bien adónde ir. Y lo que vemos,a menudo distorsionado por la fotografía, pocas veces nos satisface, como también resulta harto difícil sentir simpatía por el taxista.

Travis genera compasión en el espectador, sobre todo cuando la caga con Cybill Shepherd, pero también un enorme desasosiego porque, aunque intuimos que está loco, resulta imposible entender qué pasa por su cabeza.

Taxi Driver, estrenada en 1976, fue una película profética, un trágico adelanto de qué iba a ser de muchos pobres diablos incapaces de encajar en una sociedad moderna extraña, fagocitadora y, sobre todo, excluyente con los inadaptados.

A pesar de que, a mi entender, el tiroteo final siempre haya chirriado y ahora se haya quedado viejo, Taxi Driver sigue siendo una película aterradora en su cercanía, en su sobrio retrato de una mente enferma en una sociedad cambiante, no necesariamente a mejor.

De Niro deslumbra, como siempre en su primera época. Su "Are you talking to me?" frente al espejo forma parte del imaginario cinematográfico. Junto a él lo más destacado es Jodie Foster que, con 12 años, se come la pantalla a mordiscos.

Aparte de la poesía que se esconde tras la mirada de Martin Scorsese en su primera gran película, es imprescindible citar la banda sonora de Bernard Herrmann -también compositor de, entre otras, la música de Ciudadano Kane- tanto en su vertiente lírica y onírica como en la que refleja la atormentada alma de Travis.

A pesar del paso del tiempo, Taxi Driver es un clásico, sobre todo porque puso el dedo en la llaga antes de que llegasen de veras los tiempos de los ciegos guiados por los locos, o viceversa.