Cine inane

En 1987 Paul Verhoeven presentó en Robocop una sociedad al borde de la dominación político-militar en la que la televisión jugaba un importante papel propagandístico. La crítica a los medios del director holandés creció en Desafío total y alcanzó su cénit en Starship Troopers, en la que la información formaba parte inseparable de la tiranía.

Aparte, en estas tres películas había grandes dosis de acción magníficamente realizadas. Siendo una trilogía de ciencia ficción distópica al servicio del espectáculo, en ningún momento daba la espalda a la capacidad crítica del cinematógrafo.

Acaba de llegar a nuestras pantallas Chappie, hija directa y bastarda de Robocop. Ahora Johannesburgo sustituye sus policías humanos por unos eficaces robots. El conflicto nace cuando uno de los androides es programado según un sistema que le permite sentir y comportarse como un humano. Es decir, al invento del robot policía se le une el tema de la inteligencia artificial.

Un punto de partida realmente interesante a primera vista. Mientras tanto, aquí la televisión cumple un papel de mero testigo, de simple informador lejos de cualquier lectura política, un medio sin siquiera ganas de dar un poco de sensacionalismo a sus noticias. Porque tras la implantación de los robots tampoco hay ninguna intención oscura y dictatorial. La sociedad que nos presenta Chappie es utópicamente neutra, huera, sin capacidad de crítica. Para evitar polémicas, incluso, casi ninguno de los delincuentes de la ciudad sudafricana son de raza negra (cuando en la realidad representa el 73%).

Así, bajo estas premisas el asunto del robot inteligente no puede ser más infantil. Nunca mejor dicho, pues Chappie, el protagonista, aprende y se comporta como un niño, con sus miedos y rabietas pero sin hormonas. El personaje es ciertamente ridículo, digno del peor Disney pero en un filme calificado con una R en Estados Unidos –lo que dice mucho del puritanismo de la capital del imperio–.

El perpetrador de todo esto es Neil Blomkamp, director sudafricano al que, tras deslumbrar con Distrito 9, se le dio demasiado poder, como ya advertí en mi crítica de Elysium. Solo así se entiende que haya dado tanto papel a Ninja y Yo-Landi Visser, dos de los miembros de Die Antwoord, oscuro grupo musical de Ciudad del Cabo. Son tan malos intérpretes que hasta Hugh Jackman parece estar bien en el peor de los papeles que se le conocen hasta ahora.

Chappie, en definitiva, responde a esa moda del cine que se entrega a un espectáculo sin contenido, a unas premisas dramáticas tan inanes como estériles. Así, se venden muchas entradas pero se evita que ninguno de los espectadores se ponga a pensar sobre el loco mundo en el que vivimos.

Quizás haya llegado la hora de revisitar al mejor Verhoeven y analizar cómo presagió la existencia de unos medios de comunicación serviles al servicio del poder e incapaces de afrontar los retos del nuevo siglo. Por si fuera poco, la acción y el espectáculo de Robocop, Desafío total y Starship Troopers eran infinitamente mejores que los de Chappie.

P.S.: Después del fiasco de Prometheus –del que se espera segunda parte– se ha anunciado que Blomkamp dirigirá una nueva entrega de Alien. ¿Por qué no dejan en paz nuestros recuerdos de juventud?