Memorables: Belle Epoque

Es una lástima que Fernando Trueba, después de tocar el cielo con Belle Epoque, dejase de dedicarse a su cine para aspirar a otros menesteres, tan loables como alejados de la verdadera industria.

Lo intentó en Hollywood sin éxito -Two much-, hizo varios documentales muy interesantes, una de animación sin mayor interés, dos grandes lanzamientos sin demasiada chicha -La niña de tus ojos y El embrujo de Shanghai- y una, la última -El artista y la modelo-, puro cine de autor que no interesa a nadie.

Así, Fernando Trueba, director de divertidas comedias en los 80, hizo su mejor trabajo en 1992 y, desde entonces, dejó de ser lo que había sido para convertirse en alguien diferente y, hasta el momento, menos talentoso. Lástima de años dorados perdidos, de madurez desnortada.

Belle Epoque es una espléndida comedia, situada durante la Segunda República, que cuenta los avatares de un chaval que se ve seducido por las cuatro hijas de un pintor burqués y anarquista que vive en un pueblo cualquiera.

La película contó con dos nombres imprescindibles en el cine español (el guión es de Rafael Azcona, la fotografía de José Luis Alcaine) a los que se unió la espléndida banda sonora del francés Antoine Duhamel. Además, sin director artístico concreto, la ambientación es espléndida.

Así, el contenedor fue perfecto para esta comedia que cuenta con fuerte carga crítica, intelectual e irreverente, que sirve para aumentar la fuerza del conjunto.

Belle Epoque es tan buena que apenas importa que estén por ahí Jorge Sanz y Penélope Cruz. Aquel logró su mejor papel a pesar de no vocalizar y esta puso otro ladrillo en su muro mítico cuya naturaleza sigo sin comprender.

Pero Fernando Fernán Gómez, Agustín González, Ariadna Gil, Mary Carmen Ramírez, el divertidísimo Gabino Diego, incluso Miriam Díaz-Aroca... consiguen unas interpretaciones soberbias y cómicas al servicio de la verosimilitud de la película.

Belle Epoque, entretenidísima, forma parte de nuestra historia porque hay numerosas escenas, como la del principio con los dos guardias civiles, que forman parte del acervo colectivo. Fue la obra cumbre de un director que, a partir de entonces, soñó, sin conseguirlo, con convertirse en alguien que nunca será... para desgracia del cine español.