El francotirador

American Sniper, en su versión española El francotirador, es la última película del maestro Clint Eastwood, director que, tras maravillarnos con obras como Sin perdón, Million Dollar Baby o Gran Torino, parecía haber entrado en declive con títulos como J. Edgar o Jersey Boys.

En cualquier caso, estamos ante uno de los más grandes directores de siempre, quizás el último que ha seguido la estela de los grandes de la Edad de Oro. Y, sin grandes alardes, con El francotirador vuelve a dar una lección magistral de cómo contar con imágenes una historia cualquiera sin poner su ego por encima del guión, de los personajes o los demás ingredientes que componen un largometraje.

El francotirador es otro biopic más, la historia de un soldado que ha pasado a la historia del ejército norteamericano como el más letal, como un héroe de leyenda. El personaje que encarna, maravillosamente, Bradley Cooper en el filme es tan solo una persona obsesionada con su deber, alguien atrapado por la guerra, incapaz de vivir en un mundo tranquilo. Por eso Cooper borda su papel a partir de la contención, ajeno a los histrionismos, en un papel tan completo como difícil.

Sin ser de los mejores títulos de Eastwood, El francotirador es una película modélicamente rodada -si exceptuamos la escena del muñeco del bebé, un fallo menor-, con mesura, con imparcialidad, y con dos o tres secuencias absolutamente antológicas, como la del niño y el lanzacohetes o la de la trifulca en medio de una tormenta de arena.

El francotirador, para algunos, es un panfleto proestadounidense. Para otros, es un alegato antibelicista. En realidad es tan solo la historia de un hombre cualquiera con un don para matar, una historia casi costumbrista que, a partir de un par de momentos emotivos, muestra al hombre en su esencia y la violencia en toda su crudeza.

Este filme, quizás el último de Eastwood, no está a la altura de sus obras maestras. Pero es otra entrega más de un genial cineasta que, casi desde la nada, es capaz de construir filmes y atrapar espectadores desde la concepción más sencilla de lo que ampulosamente algunos llaman séptimo arte.

Y es que Eastwood, de nuevo, ha vuelto a mostrar el camino.