Otro tiro en el pie

En el último festival de Berlín la proyección de Cincuenta sombras de Grey se llevó el premio al momento más mediático. Birdman, que fascinó a la gran crítica y a los europeos más decentes en la Mostra de Venecia, acaba de convertirse en la gran triunfadora de los Oscar. El mundo, definitivamente, está perdiendo la cabeza.

Cierto es que Alejandro González Iñárritu es uno de los cineastas más interesantes de los últimos tiempos, pero Birdman es un filme pretencioso que, en su última media hora, pierde el norte y a Edward Norton para convertirse en una de esas películas que, hace 30 años, habría ido a ver a los Alphaville de la calle Martín de los Heros.

Sin embargo, en Hollywood se han entregado a ella como hace tres años hicieron con The Artist, otro brillante ejercicio de ínfulas y fuegos de artificio. Tiene gracia que la gran herramienta norteamericana de promoción cinematográfica se emplee para galardonar filmes de arte y ensayo. Si, cuando menos, sirviese para dar publicidad al inmenso Raymond Carver…

Los Oscar de 2015 han sido los que, definitivamente, han dado la espalda a la propia industria de Hollywood. Si bien es cierto que filmes como Noé o Exodus, de temas antaño propicios para ganar premios, eran tan vacuos como memos, hay que recordar que un alarde estético, dramático y técnico como Interstellar quedó fuera de la gran competición por ser la mejor película.

Esta fue, desde el comienzo, la gran derrotada de una gala que se ve en medio mundo gracias a la televisión para así compensar que las salas de cine se van gradualmente vaciando. ¿Acaso nadie entiende tan sencilla ecuación?

Por si fuera poco, de la gala, más que los premios, han trascendido asuntos colaterales como, por ejemplo, la reivindicación de Patricia Arquette, premiada por su correcto papel en Boyhood. Al tiempo que los Goya mejoran al imitar al Hollywood de hace algunos lustros, los Oscar quieren ser también europeos en esto de celebrar todo menos el cine.

Personalmente, creo en los premios cinematográficos tanto como en Papá Noel. Aun así, me alegro de que Whiplash haya ganado tres de los cinco premios a los que aspiraba. Los Oscar a su montaje, soberbio, la mezcla de sonido y la inconmensurable interpretación de J.K. Simmons la convierten, desde mi punto de vista, en la gran triunfadora de estos Oscar… junto a la divertida Big Hero 6. Claro que Whiplash es la más minoritaria de las películas que competían por la estatuilla a la mejor película.

Hace tres años Hollywood se dio un tiro en el pie al premiar The Artist. Ahora repiten tan dudosa maniobra mercadotécnica al elevar a Birdman a los altares. Van desapareciendo las grandes estrellas, las grandes películas que ver un sinfín de veces, el cine hipnotizador… ¿Tendrá la magia de la alfombra roja la misma capacidad de engatusar al personal que la gran pantalla?

Por suerte, siempre nos quedarán El Gran Hotel Budapest, Whiplash, Interstellar… elogiadas por los internautas y que probablemente tendré ganas de volver a ver cuando surja la oportunidad.

En cuanto a Clint Eastwood y El francotirador… mañana será otro día.