Oscar All Star

El pasado domingo 15 de febrero se celebró en Nueva York el partido de la estrellas de la NBA. Precedido de una gran parafernalia, con triples, mates y el inolvidable salto entre los hermanos Pau y Marc Gasol, el encuentro fue una suerte de pantomima sin defensa, competición ni nada que se le pareciese. Un acontecimiento televisivo de glamour y espectáculo mas huero en contenido.

La ceremonia de los Oscar se parece bastante al All Star de la NBA. Llevamos varias semanas hablando de los nominados y haciendo quinielas sobre quién ganará esta o aquella estatuilla. Antes de la entrega, la alfombra roja culminará el espectáculo de aquellos que prefieren las estrellas a las películas. Por suerte y por regla general, los artistas del cine visten mucho mejor que los jugadores de la NBA.

Luego llegará la interminable ceremonia de entrega, aún más larga en Estados Unidos por las pausas de la publicidad. Solo la presencia de Neil Patrick Harris, todo un showman -que llega desde la tele-, y los números musicales amenizarán el inevitable bodrio de los premios y los soporíferos agradecimientos.

¿Y después? Se lo pasarán bomba en las grandes juergas de Los Angeles mientras los premiados intentarán sacar provecho de tan magnífica promoción.

Al otro lado de la pantalla, los que no veamos la gala en directo veremos el resumen de mañana mientras nos olvidamos de cada premio según vaya saliendo en la tele.

Como en el All Star, habrá algún mate que otro, algún momento cómico y algún otro espectacular. Pero después del resumen no volveremos a ello en ningún caso.

¿En cuanto a las películas premiadas? Por ahora, ninguna gana de volver a ver Boyhood o Birdman. Tan solo El Gran Hotel Budapest y, quizás dentro de algunos años, Whiplash.

Como el All Star, los Oscar son tan brillantes como fugaces y vacuos.