Censura y propaganda

Más por solidaridad que por entusiasmo, el pasado fin de semana opté por ir a ver The Interview, película cuyo estreno se retrasó un par de meses por las amenazas de Corea del Norte a Columbia Pictures, productora del invento.

Antes de comenzar la proyección, entre los muchos anuncios con los que nos atosigan a los que pagamos una entrada, salió uno en que la Comunidad de Madrid nos vende lo que parece la mejor sanidad del mundo. Sin entrar en el fondo del asunto –era domingo por la mañana– me pregunté si la televisión norcoreana, aparte de desfiles militares, emite propaganda tan estruendosa.

The Interview despertó las iras del país asiático y de su serenísimo líder, Kim Jong-Un, porque cuenta cómo un par de periodistas norteamericanos acuden a la residencia palaciega del dictador para hacerle una entrevista. Y sí, el tirano aparece en pantalla en algo que tiene más de grotesco que de parodia.

The Interview es una comedia con ínfulas de sátira. Pero se queda a medio camino para sobrevivir solo gracias a cinco o seis hilarantes gags. El resto, una retahíla de gestos histriónicos de un insufrible James Franco y unos cuantos chistes groseros sin gracia. Como ocurrió con Juerga hasta el fin, probablemente se lo pasaron muy bien rodando la película pero ni hacen reír ni escandalizan a nadie que no sea miembro de una atroz dictadura.

Porque la sátira política, ese intento de hacer crítica desde el cine, se queda en muchos lugares comunes y poca o ninguna enjundia. Por si fuera poco, hay numerosas escenas rodadas con una asombrosa e irritante falta de pericia.

En cualquier caso, The Interview nos confirma o enseña varias cosas:

- Los dictadores y sus tiranías jamás han tenido sentido del humor.

- La parodia es tan gruesa y obvia que uno no entiende por qué han hecho tanto ruido, pues la película es una gansada sin chicha.

- Por una vez, el escándalo mediático que ha rodeado a la película –incluida una guerra informática entre Estados Unidos y Corea del Norte– no ha repercutido en un aumento de taquilla. Este filme es uno de los más sonoros fracasos económicos de los últimos tiempos. Sony y Columbia deberían haberla guardado para siempre en el armario y convertirla en objeto de culto.

Porque, a pesar de su mediocridad, este filme pasará a la historia por protagonizar otra polémica más entre Estados Unidos y Corea del Norte. Si lo pensamos bien, en ese sentido sí que ha cumplido con su deber de mantener distraído al rebaño.

En cualquier caso, que proliferen este tipo de malos filmes confirma el creciente amateurismo de Hollywood. Ni siquiera los anuncios propagandísticos de las innumerables administraciones españolas son tan obvios, previsibles e inanes en su afán escandalizador.

Por eso, respecto a The Interview la única recomendación posible es ver, en su lugar, Team America, que sí que supo criticar, divertir, ciscarse y provocar sin que nadie le prestase mucha atención por estar rodada con marionetas. Es decir, mucho más realista que James Franco y sus cucamonas.