Quintacolumnistas inconscientes

La manifestación del pasado domingo en París fue prueba del rechazo occidental a la sinrazón de los atentados islamistas de la semana pasada. Sin embargo, se han escuchado algunas voces que, quizás sin pretenderlo, en cierta manera han justificado la violencia del terrorismo islamista. Y en dos líneas ideológicas este asunto resulta especialmente preocupante:

1. Una de estas líneas ha confundido el apoyo a los mártires del Charlie Hebdo con la defensa de su línea editorial. Muchas voces en Occidente han argumentado que las caricaturas de figuras religiosas son una provocación contra los creyentes y que los dibujantes de la revista, en cierto modo, se lo estaban buscando.

La libertad de expresión conlleva inevitablemente manifestaciones de mal gusto. Y existen juzgados y tribunales para condenar los excesos expresivos en cualquier género, algo especialmente complicado cuando entra en juego el animus iocandi. La sátira, el chiste, la broma pesada… forman parte de lo que somos.

Los fundamentalistas cristianos opinan que revistas como el Charlie Hebdo no deberían existir porque ofenden las creencias de muchas personas. La pregunta es, ¿cuál es el límite a los límites que quieren imponer a la libertad de expresión? Por otro lado, insisto, ya existen esos límites por medio de la ley en todos los países occidentales.

Pero estos venados (1), por mor de su fe, quieren prohibir lo que nos conforma como civilización. A muchos de los católicos extremos españoles –nuestro particular Tea Party– les encantaría volver a prohibir a Voltaire. Pero, ¿no hemos esperado más de dos siglos a que este pensador francés dejase de ser entre nosotros poco menos que la encarnación de Satán?

Lo más preocupante de estos fundamentalistas cristianos es la saña y el rencor con que se manifiestan en su uso legítimo de la libertad de expresión. Poco o nada misericordiosos, creen en el Dios del Sinaí y olvidan al del Calvario.

2. La otra línea ideológica es la de esa extrema izquierda que entiende los últimos atentados islamistas como una respuesta a la política occidental –sobre todo la de Estados Unidos– en Oriente Próximo y el resto del mundo. Estos iluminados, cuyo rostro más visible es el de Willy Toledo, muestran una tremenda rabia contra todo lo occidental mientras comprenden la sinrazón del terrorismo fanático. Usando su libertad de expresión, muestran un rencor atroz contra todo lo norteamericano, incluso europeo, mientras no dan alternativas a su odio nihilista, ajeno a cualquier planteamiento constructivo. Más que comunistas o anarquistas, son una especie de fundamentalistas de la destrucción.

Estas dos líneas ideológicas son –y deben serlo– legítimas dentro de nuestra imperfecta civilización que, empero, nos da libertad para ser incoherentes, canallescos y rabiosos mientras no hagamos apología de la violencia. Condenan el terrorismo, los atentados, pero con sus palabras, en cierto modo, dan justificación a las acciones de los terroristas.

Quizás no lo saben, y probablemente estén completamente desorganizados, pero, a su modo, conforman un quinta columna de Al Qaeda, el Estado Islámico y demás reuniones de fanáticos violentos y asesinos. Otra de las contradicciones inherentes a esto que llamamos Occidente.

(1) Creo que queda claro pero, por si acaso, matizo que no cargo contra católicos, evangelistas, ortodoxos ni ninguna corriente cristiana, sino solo contra los que usan fanáticamente su fe para cargar contra la libertad de los que deberían ser sus prójimos.