Exodus

En cine siempre se ha aceptado, por mor del espectáculo, que la creatividad puede “parafrasear”, incluso ignorar, la verdad histórica. No importaba que el cine clásico ambientado en Egipto o Roma tuviese un visible sello “Made in Hollywood” porque las pelis eran épicas y entretenidas. El western siempre ha sido mejor cuando ha rozado la leyenda e ignorado el verismo. Incluso en clásicos modernos, como “Gladiator”, poco importa que el protagonista, gravemente herido, viaje de Viena a Mérida en unos pocos días.

Pero, ¿qué ocurre cuando el salto que se da es tan enorme que el resultado visual raya en lo ridículo? Acaban de estrenar “Exodus: Dioses y reyes”, una especie de chiste burdo sobre la historia de Moisés dirigida por el mismo que nos regaló a Máximo, general y gladiador. Solo que ahora a Ridley Scott se la ha ido la pinza de manera faraónica.

La ambientación es cómica. Por ejemplo, a alguien se le ha ocurrido que todas las ciudades egipcias tenían como adorno una monumental pirámide que, empero, se queda pequeña ante la estatua del tamaño del Empire State Building que Ramsés decide construirse en su honor. Del “Made in Hollywood” se ha pasado al delirio psicodélico.

Nada de esto tendría importancia si “Exodus” fuese mínimamente entretenida, si aportase algo nuevo a la vieja historia de Moisés. Pero el guión es tan malo como todo lo demás, si exceptuamos los ruidosos efectos especiales. Christian Bale, por lo general un gran actor, parece agotado en su Moisés, también fatigado por tener que tratar con un Dios con figura de niño caprichoso y consentido. El dislate llega a su extremo con un Ramsés tan estúpido que parece parodiar los efectos de la endogamia entre los descendientes de los antiguos faraones. Nunca Ridley Scott puso tan poco empeño, tuvo tan poca fe en uno de sus proyectos.

Así, el filme transcurre plomizo. Sería idóneo para echar una cabezada si no fuese por eso efectos que, en sala, atruenan como si fuesen la expresión misma de la ira divina, consecuencia lógica del engendro levantado en honor de Yahvé. De ahí que, sin poder dormir, uno no tenga más remedio que pasmarse ante los anacronismos y el sinfín de errores históricos

“Exodus”, así, es una de las peores cosas que se haya estrenado jamás. Por lo menos, al final, cuando los hebreos huyen del ejército de Ramsés, que corre frenético sobre sus carros, y atraviesan el Mar Rojo, el asunto cobra una inusitada comicidad. El esperpento, mayúsculo, alcanza su cénit cuando Moisés y Ramsés, cual pareja de enamorados en plena ruptura, se miran desolados mientras esperan a que les coja una ola más grande que una pirámide pero más baja que la estatua del segundo. Ni los Marx alcanzaron tal dominio del absurdo.

Cuando se estrenan pelis como “Gravity” o “Interstellar”, enseguida salen numerosos artículos que desvelan sus numerosos errores. Pero cuando se le da una patada a la Historia como la de “Exodus”, ninguna denuncia mínimamente documentada alcanza notoriedad. La Fïsica todo lo puede.