Mitos: Mike Nichols

Mike Nichols falleció la semana pasada a los 83 años de edad. A este director, por su escasa popularidad y su gris fama, quizás sea difícil de considerarlo un mito. Pero alguien que estuvo detrás de “El graduado”, “Armas de mujer” y “Closer” merece eso y mucho más.

Nacido en Berlín en 1931, Nichols es un ejemplo de supervivencia a lo peor del siglo XX. Su padre tuvo que emigrar de Rusia tras la revolución soviética. Y su familia, judía, tuvo que huir de Alemania tras las tropelías nazis.

Formado con Lee Strasberg, Michols comenzó actuando, y en los 60 triunfó junto a Elaine May. Aparte, se convirtió en un renombrado director teatral. Pero su salto a la dirección del cine, debutando con “¿Quién teme a Virgina Woolf?”, fue lo que le precipitó a la fama.

Sobre todo porque su segunda película, “El graduado”, fue un gran éxito y un memorable hito en la historia del cine. Con Dustin Hoffman como espléndido protagonista, el reflejo de las dudas de una generación y el escándalo del affaire con una mujer madura, Nichols tocó el cielo al son de las canciones de Simon y Garfunkel.

Luego, en los 70, llegó una ligera cuesta abajo, que le llevó a volver a refugiarse en el teatro, donde el reconocimiento fue siempre más abierto y unánime que en el cine.

Ya en los 80 el cine volvió a darle alegrías, con películas como “Silkwood”, “Armas de mujer”, “A propósito de Henry” y la versión americana de “Una jaula de grillos”. Meryl Streep, Melanie Griffith, Harrison Ford, Robin Williams y Nathan Lane demostraron que pocos realizadores tenían la maestría de controlar a los actores de Nichols.

A partir de ahí, Nichols se prodigó poco en el cine. Pero en el siglo XXI entregó dos joyas: “La guerra de Charlie Wilson” y “Closer”. En esta última, el juego teatral del que proviene se convierte en un magnífico dominio de la cámara para potenciar los diálogos y las interpretaciones de Natalie Portman, Julia Roberts, Jude Law y Clive Owen.

Aunque no fue su última película, “Closer” es una obra maestra, durísimo drama de mentiras, engaños y verdades, que supuso el perfecto testamento cinematográfico de un director que, injustamente, se quedó a un milímetro del Parnaso.