Maduros y jóvenes

En “Manhattan” uno de los temas centrales de la película era la aparente imposibilidad de que un hombre de cuarenta y tantos mantuviese una relación con una chica de 17 años, Mariel Hemingway. Asunto al que Allen volvió en “Maridos y mujeres”, 13 años más tarde, cuando un profesor besaba a su alumna universitaria, Juliette Lewis, y que le puso en la picota cuando dejó a Mia Farrow por su hija adoptiva.

El tema de los hombres maduros siempre ha estado presente en el cine, ya fuese en las pelis o en el entorno. John Wayne siempre tuvo sus dudas sobre si era correcto que en “Río Bravo”, él con 52 años, su personaje se ligase al de Angie Dickinson, de solo 25. En la mente del actor estaba presente, más que si era apropiado o no, si no iba a resultar increíble, incluso ridículo.

Las mismas dudas asaltaron a Cary Grant (59 años) cuando le tocó compartir cartel con Audrey Hepburn (34) en “Charada”. Incluso, en un primer momento, rechazó el papel porque iba a parecer un depredador sexual en busca de una jovencita. El guionista convenció a Grant con un truco muy sencillo: todas las frases agresivas de flirteo las pasó del personaje masculino al femenino. Asunto resuelto para una de las parejas con más magia de la historia del cine.

Audrey Hepburn siempre tuvo un aspecto más juvenil de lo que era realmente. En “Vacaciones en Roma” la diferencia de edad entre ella y Gregory Peck, de solo 13 años, parece mucho mayor. El propio Cary Grant rechazó el papel en “Ariane” siete años antes de hacer “Charada”. El papel lo aceptó Gary Cooper con 55 años, aunque con una salud en declive, lo que, en pantalla, aparentó una mayor diferencia de edad. Los críticos y los espectadores dieron la espalda a una historia de Billy Wilder que no termina, aún hoy, de tener magia.

Aunque mayor diferencia de edad había entre Humphrey Bogart (55) y Audrey Hepburn (25) en “Sabrina” y nadie se quejó ni entonces ni ahora. Por alguna razón, “Sabrina”, también de Wilder, tiene más magia que “Ariane”. Y es que el cine tiene de todo menos lógica.

Bogart sabía ya lo que era actuar con compañeras muchos más jóvenes. En “Tener y no tener” tenía 45 años y  Lauren Bacall, 19. La sedujo dentro y fuera de la pantalla, marcando un antecedente claro para “Manhattan”, y fue todo un notición en el Hollywood de la época. Definitivamente, no hay absolutos en el séptimo arte.