Memorables: El temible burlón

El Romanticismo se encargó de idealizar figuras como Robin Hood o los piratas. Hollywood fue más allá y los convirtió en héroes simpáticos, atractivos seductores y campeones de la justicia, arquetipos del héroe cinematográfico. “El temible burlón” es ejemplo de ello, una de las más divertidas y conseguidas películas de piratas, un alarde de lo que debe ser el cine de aventuras.

Curiosamente, el guión original de Roland Kibbee era un intenso drama. El director, Robert Siodmak, retomó el texto y en solo 48 horas lo convirtió en una comedia. Así, como ya había ocurrido antes y había de ocurrir posteriormente, la pura acción tornaba en deliciosa comedia, romántica o no, como vehículo idóneo para entretener y atrapar a las masas.

Aquí, como suele ocurrir con el subgénero de piratas, el protagonista es un pícaro canalla, un pirata con sentimientos y sentido de la justicia, un fuera de la ley que deviene en caballero andante porque los “buenos”, los que le persiguen, son los auténticos malvados del filme, algo muy habitual en este tipo de películas, algo que sucedió desde el cine de gangsters de los 30, incluso antes, en el cine mudo.

Y ese pirata protagonista es Burt Lancaster, que inunda la pantalla con su sonrisa, conquista a la dama, engaña a los malos, se redime  y enamora a la audiencia mientras pelea, usa el ingenio y, sobre todo, alardea de torso y capacidad atlética junto a su fiel amigo Nick Carvat, que hacía de mudo para ocultar su acusado acento.

Porque “El temible burlón”, como muchas otros filmes de Lancaster, tiene mucho de espectáculo circense para mostrar aquellas aptitudes del protagonista, criado entre acrobacias y variedades.

Aparte, Eva Bartok y el resto del elenco cumplen con su función de partenaires a mayor gloria del mejor Burt Lancaster en su versión de héroe aventurero.

“El temible burlón” es un espléndido espectáculo donde se suceden sin descanso las peleas navales, los tiros, los duelos de espada, los ardides de ingenio, la aventura y el romance para entretener sin mayores pretensiones. Es una película amable y deliciosa que se puede ver mil veces.

Esta película sobrepasó su presupuesto inicial de 1,1 millones de dólares hasta los 1,85, por lo que los productores intentaron poner freno a las posteriores películas del mítico Burt Lancaster. Este respondió con una huelga. Su estrella era demasiado brillante como para ponerle coto. Por eso películas como “El temible burlón” ofrecen un maravilloso espectáculo que, lamentablemente, no tienen parangón en el siglo XXI.