Interstellar

Christopher Nolan es, aparte de un genial director de tan solo 44 años, uno de los creadores más interesantes de los últimos tiempos. Ha producido muchos de sus filmes y, a menudo colaborando con su hermano Jonathan, es el autor de la mayoría de los guiones que ha realizado, como “Memento”, la trilogía de “El caballero oscuro” o “El truco final”.

“Interstellar” es el nuevo regalo de este magnífico cineasta. Ahora nos embarca en un viaje espacial que busca un planeta donde la Humanidad pueda sobrevivir, pues en un cercano futuro la Tierra estará condenada a un desastre ecológico de polvo y plagas. Este viaje, una nueva odisea, es una delicia cinematográfica a pesar de sus 169 minutos de metraje y de su complejísimo final.

La presentación del filme, con ese planeta polvoriento donde se sobrevive siguiendo una obligada dieta de maíz y donde la educación es una víctima más de la degradación generalizada, es un alarde estético, ético y narrativo de primera magnitud que no decae hasta que pasan, como un delicioso suspiro, las dos primeras horas.

Luego llegan los problemas de un filme que se pone a tratar con agujeros de gusano, agujeros negros, física avanzada donde el espacio y el tiempo son juguetes en manos del guionista. En cierto modo, como le sucedió en “Origen”, a Nolan se les va de la mano un invento que, de todas maneras, tiene gran encanto y poder de seducción a pesar del final, quizás demasiado forzado.

“Interstellar”, en este sentido, se acerca demasiado a “2001. Odisea en el espacio”, pues se interna en un camino oscuro, solo accesible para los que dominan los secretos más elevados de la Física, esos que a menudo resultan más esotéricos que los de la Teología o la Filosofía. Pero, no nos confundamos, esta película es mucho más entretenida e inteligible que la de Kubrick.

Aparte, Nolan también camina cerca de “Gravity” y otras películas de viajes especiales, como aquella maravilla de serie B titulada “Planeta prohibido”, filme que nos enseñó que nunca hay que fiarse de alguien que ha sobrevivido, solo, durante años en un planeta lejano y hostil. “Interstellar” parece ser la culminación de este subgénero, aquí mezclado con un máster en física avanzada.

Más allá de la historia, todo en esta nueva película de Christopher Nolan es impecable, desde la interpretación del elenco hasta la dirección artística, pasando por unos efectos visuales y sonoros que potencian los espléndidos montaje y fotografía.

A pesar de todo, “Interstellar” no soporta el más mínimo análisis post-visionado. Desde que la vi el pasado domingo ya me han nacido más de veinte preguntas de imposible respuesta según unos mínimos criterios de congruencia y solidez narrativas. Algunas me las han intentado explicar físicos, sin conseguirlo. Otras son de puro sentido común.

Pero eso no impide que sea un peliculón que consigue que 169 minutos se hagan cortos y que disfrutes enormemente. Aunque a veces tienda a ser complejo en demasía, Christopher Nolan es uno de los grandes. E “Interstellar”, su último regalo.