Del mañana

Larra, Galdós, Unamuno, Baroja o los Machado son, desde cierta perspectiva, lecturas tenebrosas porque sus viejas críticas a la España de sus respectivas épocas resultan de tremebunda actualidad. Por ejemplo, el viejo poema de Antonio Machado:

Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza,
entre una España que muere
y otra España que bosteza.
Españolito que vienes
al mundo te guarde Dios.
una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.

Nunca ha desaparecido la España que bosteza, dedicada a la molicie y al ver pasar las cosas sin mover un dedo. La otra, la que muere, ha tornado en una España inerte, incapaz de levantar cabeza. Solo que, bien pensado, esas dos Españas siempre fueron una sola, esa nación empeñada en autodestruirse sin, hasta ahora, conseguirlo.

Helados estamos ante el sinfín de casos de corrupción política que, por fin, la justicia revela cada semana aunque, así de lentas van las cosas en la Europa meridional, se ven pocas sentencias y a nadie devolviendo el dinero usurpado. La corrupción de los dueños del cotarro es, a mi entender, el reflejo de una sociedad paupérrima en lo moral, acostumbrada al amaño, al fraude y al pago y cobro en B, a una nación donde defraudar a Hacienda se considera loable y el hurto internáutico se considera legítimo, incluso lícito.

En cualquier caso, los escándalos mediáticos -por fin los medios de comunicación se han puesto a hacer su trabajo, aunque a su manera servil y extorsionadora- en torno a la corrupción muestran el agotamiento de un sistema, el de la Constitución de 1978, que parece dar sus últimas bocanadas con las cimas esperpénticas del disparate catalán y las acusaciones cruzadas de todos los líderes de los grandes partidos, ahora en franco retroceso. Es imposible que nada funcione porque los que se dedican a la política son mediocres, o perversos, en lo ético y apenas han rozado lo privado; son amateurs de la nada politica.

Así, vivimos unos tiempos revueltos que exigen un cambio radical y esencial en todo lo que respecta a la vida pública, a ver si de esta manera cambia algo entre la ciudadanía. El problema es que la única alternativa factible se esconde en un nuevo partido, Podemos, que huele demasiado a revolución bolivariana como para dejar tranquilo a los que nos consideramos moderados y amantes del orden, la paz y la propiedad privada. Pero, repito, esa es la única alternativa que tenemos: o la podredumbre actual o el qué pasará desde la incógnita de los que callan sus intenciones y responden con insultos a las críticas.

Pero ahora, por primera vez en décadas, parece que los españoles están hartos de bostezar y yacer mientras les roban en sus propias narices. El cambio, además de necesario, es urgente, perentorio. Así no podemos seguir porque, a la postre, da la impresión de que en los últimos lustros no se ha hecho otra cosa que negocios sucios, trampas y maniobras arteras y corruptas.

Con un poco de suerte, quizás algún día los arriba citados serán tan solo actuales en lo literario, y sus críticas habrán dejado de tener sentido. Pero estemos alerta.

Recordemos, por ejemplo, el poema “El mañana efímero” de Antonio Machado. Si su principio presenta una crítica lúcida y demoledora:

La España de charanga y pandereta,
cerrado y sacristía,
devota de Frascuelo y de María,
de espíritu burlón y alma inquieta,
ha de tener su mármol y su día,
su infalible mañana y su poeta.
El vano ayer engendrará un mañana
vacío y por ventura pasajero. […]
Esa España inferior que ora y bosteza,
vieja y tahúr, zaragatera y triste;
esa España inferior que ora y embiste,
cuando se digna usar la cabeza,
aún tendrá luengo parto de varones
amantes de sagradas tradiciones
y de sagradas formas y maneras;
florecerán las barbas apostólicas,
y otras calvas en otras calaveras
brillarán, venerables y católicas.

Luego el poema termina con una advertencia terrible y amenazante:

“Mas otra España nace,
la España del cincel y de la maza,
con esa eterna juventud que se hace
del pasado macizo de la raza.
Una España implacable y redentora,
España que alborea
con un hacha en la mano vengadora,
España de la rabia y de la idea”.

Esperemos que nuestra alternativa real tenga ideas y poca o ninguna rabia.

dmago2003@yahoo.es