Memorables: El secreto de sus ojos

No recuerdo dónde leí que algunos libros o películas nos resultan tan cercanos que uno desea conocer a su autor, hacerse su amigo. Algo similar me ocurre con Juan José Campanella, monumental director que consigue que cada una de sus películas nos resulten tan cercanas como la vida misma.

Una de sus obras cumbre es “El secreto de sus ojos“, intenso drama que, bajo una hábil estructura narrativa, combina dos historias en apariencia antagónicas.

Por un lado, la investigación de un tremebundo crimen, de una violación con posterior asesinato que lleva a la pareja investigadora hacia un mal tipo que, de un día para otro, termina desapareciendo. Solo con el paso de los años descubrimos que la otra víctima, el marido de la muerta, ha tornado en verdugo, espléndido giro catártico digno del mejor Shakespeare.

Por otro, la velada relación sentimental entre el protagonista y una mujer fuerte, poderosa, un amor entre oculto e imposible que convierte las escenas que comparten en un juego de miradas, de palabras no dichas, en un monumento poético de una intensidad lírica sobrecogedora.

Porque Campanella, al mostrar el lado más tenebroso del alma humana junto a su lado más sentimental, crea un soberbio poema narrativo digno de los mejores tiempos de este extinto género.

Para ello, el director contó con el mejor Ricardo Darín, magistral en su dominio de los silencios, de los ojos, y de Soledad Villamil, dignísima en su puesta de largo internacional. Y todos los secundarios contribuyen con excelencia, en especial ese actor que hace del colega alcohólico.

“El secreto de sus ojos” es una de las películas más poderosas y emocionantes de lo que llevamos de siglo XXI. Una obra maestra de un creador sobrehumano que sabe mostrar nuestras virtudes y carencias con una caricia digna de un elefante. Como Tolstoi, pero en cine.