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De vez en cuando, la crítica española se derrite ante alguna producción a la que alaba desaforadamente porque parece haber reinventado el cine. Eso acaba de pasar con “Relatos salvajes”, dirigida y guionizada por Damián Szifrón, argentino de pura cepa que nos ha entregado una comedia de humor negro donde la violencia, la venganza y la incomodidad del espectador son constantes,

“Relatos salvajes”, en general, es una buena película. Pero consta de seis episodios entre los que hay enorme irregularidad. Dos de ellos, el que presenta el enfrentamiento a muerte entre dos conductores -aquí hay mucho menos de comedia que de hiperrealismo sucio- y el protagonizado por Ricardo Darín -como el personaje normal que se ve desquiciado por el sistema-, son antológicos en todos los sentidos. Los dos se pasan como un suspiro.

Otros dos, el que abre película y el que transcurre en un restaurante de carretera, se dejan ver con media sonrisa porque son muy breves. Pero los otros dos, los dos últimos, son de bastante menor calidad, alargados hasta la extenuación, dos ideas originales infladas por mor del metraje y del morbo. Una, la de cómo un joven atropella a una joven embarazada, tiene una enorme carga crítica difuminada en su eterno desarrollo y está bien rodada. La otra, la de la boda, se deja llevar por la grandilocuencia y el histrionismo de unos personajes disparatados y parece rodada por un aficionado.

“Relatos salvajes”, para lo que se lleva en estos tiempos, es una buena película. Pero, al estar formada por seis cortos, es tremendamente irregular. Que la crítica la haya celebrado tanto es uno más de tantos misterios. ¿Habrían hecho lo mismo si no la hubiesen producido los hermanos Almodóvar? ¿No está El Deseo comenzando a trabajar el gran regreso del últimamente alicaído Pedro?

Al otro lado del espectro podemos situar “The Equalizer: El Protector”, recuperación del mito del caballero andante que ayuda a los menesterosos en la figura de un agente retirado de la CIA. La crítica no ha sabido muy bien qué hacer con una película cuya última media hora es un dislate al servicio de los tópicos mercadotécnicos que tiranizan el cine de acción del siglo XXI. No falta ni uno.

Entonces, ¿por qué la crítica no se ha limitado a ponerle un gran punto negro? Porque el director es Antoine Fuqua, el mismo de “Training Day”, que tiene ínfulas. Y lo cierto es que la primera mitad de la película es un alarde de buen hacer en el género. Por otro lado, la soberbia presencia de Denzel Washington ayuda a sostener un largometraje que, a la postre, es uno más de lo mucho y malo que se estrena semanalmente, aunque quizás un poquito mejor.

El problema de “El protector” es que no se sabe muy bien al servicio de quién está, con su mezcla de pretenciosidad y regalos baratos al espectador palomitero. Es una extraña mezcla de cine independiente y de estudio en el que el director tiene demasiada presencia y la estrella es demasiado prudente como para hacerse notar demasiado. ¿Y los productores? Mirando la cuenta de resultados.

“Relatos salvajes”, como conjunto, sirve al espectador medio -ese que no para de ciscarse en el patético panorama que le rodea cotidianamente- para quemar algunas toxinas espirituales. De eso a la reinvención del cine… Tan solo cabe preguntarse a quién sirven los que escriben sobre películas.

dmago2003@yahoo.es