Memorables: Traffic

Al contrario que David Fincher, Steven Soderbergh es un director que se caracteriza por dejar su firma en cada uno de los planos que rueda. Su personalidad se impone a menudo a su capacidad narrativa, lo que le ha impedido tener una filmografía a la altura de su fama. La trilogía de “Ocean´s Eleven”, por ejemplo, es muestra de cómo un realizador puede ser tan rutilante y guay como sus protagonistas.

A pesar de ello, Soderbergh ha rodado algunas película grandiosas. En especial, “Traffic“, especie de epopeya trágica que, a partir de diversas historias, retrata el mundo de la droga desde su lado mafioso hasta el consumidor que cae en su infierno.

Como no podía ser de otro modo, “Traffic” se muestra como un ejercicio de estilo de un realizador capaz de obrar milagros con las imágenes. Por eso, la calcinada fotografía de las escenas mexicanas, el tempo lento, la tensión que anticipa el desastre, el modélico montaje… muestran a un creador en su plenitud.

Pero “Traffic” es, sobre todo, una película de personajes: desde la esposa de un capo de la droga que lucha por salir adelante hasta la drogadicta hija del jefe antidroga de Estados Unidos, pasando por el poli corrupto que tan solo quiere mejores para los chavales de Tijuana, todo está al servicio de estas “pequeñas” historias que, en conjunto, presentan un demoledor retrato de un mundo trágico y desesperado.

A todo ello ayuda el espléndido trabajo del elenco, con Benicio del Toro, Catherine Zeta-Jones, Michael Douglas, Don Cheadle, Erika Christensen (brutal) y demás actores en estado de gracia.

Esta película es una delicia que se sigue viendo con enorme interés… y desasosiego porque es demasiado real a pesar de que la fotografía nos ayude a darnos cuenta, siempre, de que estamos ante un largometraje.

Steven Soderbergh tiene todas las aptitudes para ser un director único. Algo que no siempre ha aprovechado al máximo. Pero en “Traffic” consiguió regalarnos una de las más grandes películas de los últimos quince años, un fresco catastrófico sobre las contradicciones y carencias de Occidente, un anticipo de lo que serían las grandes series televisivas que vinieron después. Una obra maestra.