Perdida

Entre los candidatos más serios a suceder a Clint Eastwood como “mejor director vivo” se encuentra David Fincher, autor de una carrera peculiar en la que, de alguna manera u otra, siempre ha dado vueltas al cerebro, sus enfermedades y/o consuelos. En “Seven” y “Zodiac”, a partir de los policías, el retrato era de la perfecta psicopatía, algo que Fincher repitió en su versión norteamericana de “Millenium: Los hombres que no amaban a las mujeres”.

“El club de la lucha”, basada en la novela de Chuck Palahniuk, la locura llegaba a la condición de sublimidad sectaria, un giro de tuerca en los problemas mentales de los protagonistas. Y otras películas de apariencia menos truculenta, como “La habitación del pánico” o “La red social” muestran los monstruos de, respectivamente, el miedo y la ambición en toda su extensión.

Perdida” es la nueva película de David Fincher y, algo tendrá, ha sido aclamada por la crítica mientras está obteniendo buenos resultados en taquilla. Algo curioso si tenemos en cuenta que dura dos horas y media y que es un filme denso, profundo, lento, de unas cuantas sorpresas condensadas en un ritmo pretendidamente lento que se recrea en las diversas situaciones que viven los protagonistas.

El tráiler de la película es un alarde de cómo presentar una trama y atrapar al espectador sin destripar el argumento. Algo que nunca me ha gustado hacer pero que aquí, de manera sutil, haré porque el primera gran giro de la película llega antes de su mitad. “Perdida”, aunque no lo parezca, es un extraño juego de idas y venidas entre un matrimonio formado por una psicópata y un pobre diablo que no sabe muy bien cómo aferrarse a la vida, entre una mujer demasiado fuerte y una mente demasiado débil.

“Perdida”, una espléndida película, como “The Game”, otra peli de Fincher, es una gran trampa al servicio del espectador. Teniendo en cuenta que conocemos cómo funciona el matrimonio protagonista a partir de las dos voces de los interesados, uno nunca sabe a qué atenerse porque a menudo da la impresión de que estamos asistiendo a un monumental engaño.

Pero como es un filme que se ve con interés y atención, y va ganando enteros hasta casi el final, cuando quizás se alargue demasiado, lo de menos es si hay o no mentiras tras lo que se cuenta. Es más, tres días y pico después de haberla visto, el análisis de sus elementos se sigue sosteniendo como si fuese la más sólida de las películas.

“Perdida” es una obra maestra. Y, no obstante, a uno le da la impresión de que algo falla, quizás esos quince minutos de más al final, o que Ben Affleck sigue sin saber actuar y queda enterrado bajo la soberbia interpretación de Rosamund Pike, o que todo sea demasiado perfecto en su descomunal engaño.

O, probablemente, todo se deba a esa sensación desasosegadora que el cine de Fincher suele dejar en uno. Los humanos estamos a la cabeza de la evolución pero no tenemos bien colocadas todas las piezas. Fallan, sobre todo, las del cerebro. “Perdida” nos lo vuelve a repetir para, desde el drama y el suspense, provocar una sensación catártica y robarnos el sueño reparador durante un par de días.