Secundarios de cine: Eli Wallach

Ha muerto Eli Wallach, conocido especialmente por su papel en El bueno, el feo y el malo, papel que le marcó como prototipo de malvado de western crespuscular. Wallach fue uno de estos actores marcado por su físico. Sin embargo, estudió para ser un gran intérprete en numerosos centros -incluido el Actors Studio- y seguía el mismo método que, por ejemplo, Marlon Brando. Por algo ganó un premio Tony en 1951 por su papel en La rosa tatuada de Tennessee Williams.

Durante los 50 trabajó mucho en la televisión. Y no fue hasta 1960 cuando encontró su primera gran oportunidad cinematográfica, haciendo de Calvera en Los siete magníficos de John Sturges. Ilustrativo que su primer gran papel fuese de malo de western. Pero aquí ya mostró una característica típica de los actores de raza: no sabía montar a caballo, pero practicó incansablemente con los especialistas mexicanos, y apenas se noota que era una neófito cuando se vuelve a disfrutar de la peli.

El problema de Eli Wallach es que casi toda su carrera se la pasó haciendo pelis y papeles muy por debajo de sus capacidades dramáticas. Por ejemplo, varios spagehtti westerns olvidables o alguna peli de Bud Spencer y Terence Hill.

Pero también hizo algunos papeles memorables, como el ya citado de El bueno, el feo y el malo o en Vidas rebeldes. Pero si me tengo que quedar con uno de sus papeles, me quedo con el artero y sibilino Don Altobello de El Padrino III, donde está sencillamente magnífico.

Eli Wallach fue un gran profesional de enorme preparación que hizo teatro, cine y mucha tele durante seis décadas. Su físico le colocó en papeles generalmente secundarios. Pero gracias a actores como él las películas tornan en creíbles y crecen en calidad. Se ha ido uno de los grandes villanos de la Historia.