Transcendence

“Black Mirror” es una excelente serie de televisión que nos regaló solo seis episodios de ciencia ficción sobre posibles escenarios en torno a las tecnologías de la comunicación. En uno de ellos, titulado “Vuelvo enseguida”, una viuda “reconstruía” a su marido muerto a través de la información que había quedado registrada en las redes sociales para, a la postre, quedar insatisfecha con el demasiado perfecto clon resultante.

“Transcendence”, la nueva película de Johnny Depp -no Deep, como suele denominársele en España- trata prácticamente de lo mismo, aunque en los títulos de crédito no aparezca por ningún lado la serie británica. Aquí se traslada “el alma” de un científico al borde de la muerte a un potentísimo ordenador para, en la nube, encontrar completa libertad para desarrollar su inteligencia, presuntamente artificial, y llegar a límites insospechados para un cerebro humano. “El cuerpo es la cárcel del alma”, que decía Platón.

La película dura 119 minutos, más del doble del capítulo televisivo. Durante todo su metraje me dio la impresión de que ya había visto el filme, sobre todo por la progresión de las emociones de Rebecca Hall, la actriz que encarna a la viuda. Porque claro, como es previsible, la trascendente existencia en el mudo cibernético pronto se convierte en una amenaza para toda la humanidad.

Si nos pusiésemos trascendentes, habría que decir que el filme es una alegoría sobre los límites del alma humana, límites que podrían desaparecer si se desarrollase la inteligencia artificial, porque entonces nos libraríamos de la cárcel del cuerpo, de la interferencia de las emociones y los sentimientos. También podríamos considerarlo una metáfora sobre el eterno dilema ético de hasta dónde debe llegar la ciencia sin transgredir unos mínimos morales.

Pero estamos hablando de cine, un medio donde la transcendencia suele tornar en pestiño absoluto. “Transcendence” es un dramón insoportablemente lento, un peñazo de proporciones kantianas con el mismo fundamento que el aparato sistémico de Ortega. Es una de las películas más pretenciosas y pedantes que haya creado el ser humano. No creo que ningún computador se atreviera a tanto.

Y es una lástima porque el planteamiento argumental está lleno de posibilidades. Aparte, junto a Hall, la película tiene un reparto (Paul Bettany, Cillian Murphy, Kate Mara, Morgan Freeman, etc.) realmente interesante pero completamente desaprovechado. Como suele ocurrir en muchas de las películas donde interviene Johnny Depp en plan Deep.

“Transcendence” es un filme fallido a pesar de plagiar un buen argumento y de tener unos grandes efectos. Su problema es haber optado por la transcendencia pseudofilosófica o melodramática en lugar de por el sentido narrativo-dramático que debe tener un buen largometraje. Es muchísimo más recomendable ver o revisitar los seis episodios de “Black Mirror”.

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