Cómics

Aunque soy aficionado (ocasional) a los cómics, rara vez escribo o hablo de ellos. Sin embargo, creo que son un vehículo estético de primera magnitud, un nuevo modo de narrar, sugerir y entretener al que no hay que perder de vista, ya sea en sus variantes europea, americana o japonesa. El cómic, en este siglo caótico, parece una de las principales reservas narrativas que nos quedan, seguramente porque sus lectores habituales son más exigentes que los consumidores de cine, televisión (1) o novela.

Al margen de dos recomendaciones que he leído hace poco tiempo, mis tebeos favoritos siempre serán los del Corto Maltés de Hugo Pratt, personaje posromántico -da igual que hablemos del marino de ficción o de su autor- que hizo del amor por la aventura y del desamor por la inalcanzable Pandora pura poesía en forma de cómic de aventuras de magistrales dibujos.

Hace un par de años me topé, gracias a mis vínculos belga-alicantinos, con “XIII” -no confundir con la serie de televisión, bastante peor que el original-, magnífica novela gráfica editada en 17 entregas y pico y concebida por el magistral guionista de cómics Jean Van Hamme e ilustrada por el también bruselense William Vance. Aunque el primer tomo tiene ya 30 años, la serie sigue siendo fresca, atractiva, imprescindible.

Basada en el personaje de Bourne, creado por Robert Ludlum, “XIII” es un alarde argumentativo donde el personaje central, siempre rodeado de bellas mujeres, intenta recuperar su identidad al tiempo que demostrar su inocencia en el asesinato de un remedo del presidente Kennedy. Los constantes giros de la trama enganchan como la mejor novela policiaca. Pero si esta novela gráfica es tan recomendable es gracias a sus personajes, especialmente los secundarios, todos magníficamente construidos para ser carismáticos, fantasiosos, creíbles.

Más reciente es mi lectura de “Death Note”, una serie manga en seis gruesos tomos que cuenta cómo le cambia la vida a un joven cuando se hace con un cuaderno que da el poder de matar a quien se quiera, siempre que se sepa su nombre y su cara. Pocas veces me he acercado a una trama tan compleja, tan intrincada, tan sorprendente.

“Death Note” tan solo tiene el problema de ser demasiado japonesa, a saber, de presentar unos personajes planos y someter cualquier detalle al más exhaustivo análisis. Pero el guión de Tsugumi Ohba y los dibujos de Takeshi Obata son una maravilla tanto en el plano estético como narrativo. Sin olvidar su capacidad para plantear preguntas éticas de imposible respuesta. Otro imprescindible que añadir a cualquier colección de cómics que se precie.

Así, para pasar estos días de calor llenos de tanta miseria moral y confusión político-económica, nada mejor que meterse de lleno en la lectura de un buen cómic. Corto Maltés, “XIII” y “Death Note” (2) son lecturas grandiosas capaces de transportarnos bien lejos y de retratarnos lúcidamente las carencias del ser humano. Puro entretenimiento de soberbia calidad estética –aquí hay mucho más arte que en la Bienal de Venecia– y espléndida solidez narrativa.

(1) La tele cuenta con honrosas excepciones, de las que habrá que hablar algún día. Actualmente, algunas series televisivas son mejores que cualquier película.

(2) Me temo que ninguna de mis tres recomendaciones son novedosas para los auténticos aficionados al cómic.