Memorables: Sospechosos habituales

Pocas veces ha cobrado protagonismo un personaje que apenas sale en escena. Keyzer Söze, el criminal más peligroso del mundo, una especie de hombre convertido en diablo, es la presencia que domina el metraje de Sospechosos habituales a pesar de no ser, aparentemente, más que un nombre mítico al que aluden los cinco sospechosos que son detenidos como rutina en una investigación policial cualquiera.

Hablar de Sospechosos habituales sin destrozar el final es harto difícil. La cuestión es que asistimos al relato de uno de los sospechosos sobre qué ocurrió y cómo fueron muriendo, poco a poco, esos criminales de poca monta a los que la policia detuvo tan solo para obtener información.

Así, el relato transcurre mientras los policías intentan atar cabos. Lo que comienza siendo una detención rutinaria deviene en una paulatino inmersión en terrenos cada vez más tenebrosos. El genero policiaco, así, se transforma en puro cine negro, con el omnipresente Söze sobrevolando la creciente perplejidad de los detectives.

Sospechosos habituales es un soberbio ejercicio de estilo donde Bryan Singer, habitual de la saga X-Men, consiguió su pináculo como director gracias a un guión espléndido de Crhistopher McQuarrie en el que la trampa se convirtió en un recurso dramático de primer nivel.

Aparte, Gabriel Byrne, Benicio del Toro, Kevin Pollak, Chazz Palminteri y el resto del elenco bordan sus papeles al servicio de un impecable Kevin Spacey que, con esta película y Seven, saltó a la fama para nunca más abandonarla.

Sospechosos habituales, por la propia estrutura de su guión, es un filme único, un homenaje al cine negro de antaño con maneras propias del siglo que estaba a la vuelta de la esquina. Es una película que ver una y otra vez a pesar de que ya se sepa el sorprendente final. Porque Keizer Söze es una presencia enigmática y magnética, capaz de poseer una producción sin, aparentemente, salir en escena.